Psicoanálisis, escritos, lecturas... Borges, Lacan, Freud... literatura, arte, libros...
sábado, 21 de octubre de 2017
MUSEO SIGMUND FREUD EN VIENA
12 de octubre de 2017. Entrega de los libros de traducciones de los manuscritos de Freud en el Museo Sigmund Freud, en Viena. Nos recibió la encargada de la biblioteca, Frau Sandra Sparber.
domingo, 25 de junio de 2017
Serie LEGION
En el minuto 8 del video donde se comenta la serie LEGIÖN, una mención a "Das Unheimliche",
domingo, 19 de marzo de 2017
SENECA - CARTA 52
Carta LII La elección del maestro
¿Cuál es, oh Lucilio, esta fuerza que nos atrae en un sentido, cuando nosotros tendemos hacia otro y nos empuja hacia allí donde querríamos apartarnos? ¿Qué es esto que lucha contra nuestra alma, y no permite que nosotros queramos ninguna cosa una vez para siempre? Fluctuamos entre diversos propósitos; no queremos nada con voluntad libre, absoluta, perpetua.<< Es, dices, la estulticia que no se detiene ante nada, ni nada no le viene a gusto mucho tiempo>> Pero, ¿Cómo y cuándo nos desharemos? Ninguno, por sí mismo, tiene bastante para poder alzarse encima de ella; se necesita que alguien le alargue la mano, que alguien le levante. Dice Epicuro que algunos llegaron a la verdad sin ayuda de nadie, que ellos mismos se abrieron el camino. Es a estos a quienes rindo mis alabanzas, por haber tomado empuje por sí mismos, por haberse producido espontáneamente; pero otros necesitan una ayuda extraño, incapaces de caminar, si ninguno les precede, pero muy capaces de seguir. De éstos últimos dice que es Metrodor, espíritu noble, sin duda, pero de segundo orden. Nosotros no somos del primero, buen goce si somos aceptados en el segundo. No desprecies a este hombre que puede salvarse en beneficio de otro; ya es mucho quererse salvar. Además de estas dos clases de personas, encontrarás aún otra, no ciertamente despreciable, de hombres que pueden ser dirigidos e incluso compelidos al bien; necesitan éstos no solamente un guía, sino ayuda, y hasta diré coacción. Este es el tercer matiz. Si quieres también un ejemplo, Epicuro dice Hermarc era uno. Epicuro felicita al primero, pero admira más al segundo, porque aunque ambos lleguen al mismo fin, merecen mejor alabanza de haber hecho lo mismo con un carácter más difícil. Imagínate que se levantan dos edificios, desiguales en los fundamentos, pero iguales en altura y magnificencia; que el uno, establecido en fundamentos sólidos, ha subido rápidamente, pero el otro tiene los fundamentos costosamente construidos en tierra esponjosa y humedecida y gran trabajo costó antes que se llegara a roca firme. Quien contemple la obra hecha en el uno y en el otro, verá que el segundo oculta lo más grande y difícil. Hay caracteres fáciles y prontos; otros han de ser trabajados a mano, como suele decirse, y dan mucho trabajo a apoyarse en los fundamentos. Yo tendré por más feliz a aquél que no ha tenido que luchar con el temperamento, pero a merecido más de sí mismo quien ha vencido el desorden de su naturaleza, y más que encaminarse, se ha arrastrado hacia la sabiduría. Sepas que es este temperamento duro y laborioso el que nos ha sido dado a nosotros: caminamos entre medio de obstáculos. Nos hace falta, pues, luchar y reclamar el auxilio de alguien. ¿Qué reclamaré?, dices. Uno u otro. Pero vuelve siempre a los primitivos, siempre dispuestos, pues no solo los que son, sino también los que fueron pueden ayudarnos. Y entre los que son, escogemos no a aquellos que atropellan con gran rapidez las palaras, y utilizan lugares comunes y se hacen alrededor de sus rollos de gente atontada. (<>: eran parlanchines ambulantes, prestidigitadores o vendedores a los cuales Séneca compara con los filósofos que buscaban los aplausos o dinero), sino aquellos que enseñan con el ejemplo, que después de decir que es lo que hay que hacer, lo demuestran haciéndolo, que enseñan evitar lo que evitar y no son nunca sorprendidos en las cosas que dieron por vedadas. Escoge tal auxiliar que te despierte más admiración cuando le veas que cuando lo oigas. No por eso te prohibiré escuchar a aquellos que acostumbran a admitir a la turba en sus discursos, siempre que su propósito de hablar a la multitud sea para llegar a ser mejores y hacer llegar a los otros, y que no obran así por ambición. Pues, ¿qué es más vergonzoso para la filosofía que captar aclamaciones? ¿Tal vez el enfermo alaba al médico que le corta las carnes? Callad, tened reverencia y disponeros a ser curados, aunque hagáis aclamaciones, no haré más caso que si, tocando lo vivo de de vuestros vicios, gemíais. ¿Queréis dar muestra de cómo estáis atentos y golpeados por las cosas grandes? Sea. ¿Cómo no permitir que juzguéis y emitáis sufragio de lo que es mejor? En la escuela de Pitágoras , los discípulos habían de callar cinco años; ¿es que puedes creer que después se les daba el derecho a hablar y alabar juntamente? Qué grande es la locura de aquél que sale sonriente del auditorio de ignorantes que le han aplaudido? ¿Porqué te alegras de ser alabado de estos hombres a los que tú no puedes alabar? Fabian disertaba en público, pero era escuchado en silencio, y se tanto en tanto estallaban las aclamaciones y los elogios, eran provocados por la grandeza de las ideas, no por el sonido del discurso, pronunciado con voz inofensiva y acomodada. Ha de haber alguna diferencia entre las aclamaciones en el teatro y las de la escuela, pues no falta de haber alabanzas indiscretas. Si bien se observa, todas las cosas tienen sus indicios, e incluso de los actos más pequeños puede sacarse argumento para conocer las costumbres: el impúdico es traicionado por los andares, por el movimiento de la mano, a veces por una sola respuesta, por la manera de tocarse la cabeza con un dedo (gesto que era tenido como señal de afeminamiento o de vicio- Plutarco Moralia, 89; Ammianus, 17,11; Juvenal IX, 133) por la mirada espantada; la risa delata al malvado, el rostro y el comportamiento denuncia al loco. Estos defectos son puestos en evidencia por sus síntomas: sabrás como es cada uno, si miras como alaba y como es alabado. Por aquí y por allá, ciertos filósofos son aplaudidos por los oyentes y la turba de los admiradores está admirada de ellos; si bien lo, entiendes, no es que los alaben, sino que los aclaman. Hay que dejar estos clamores aquellas profesiones que se proponen gustar a la turba; la filosofía ha de ser adorada. A los jóvenes se les ha de permitir alguna vez seguir los impulsos del corazón, pero solo cuando obren por impulso y no sean capaces de imponer el silencio: tal alabanza es como un animar por el auditorio y obra como un estimulante en los adolescentes. Conmuévanse por las ideas, no por las palabras sonoras, de lo contrario la elocuencia les será nociva, pues no les despertará el deseo de la verdad, sino la de ella misma. Por ahora suspenderé esta cuestión, pues haría falta un desarrollo más apropiado y más extenso para tratar de cómo se ha de hablar al pueblo, que es lo que se ha de permitir ante él, y que ha de permitir el pueblo ante el mismo. Que la filosofía ha sufrido daño después de que ha sido sometida a la plebe, no hay ninguna duda; pero puede bien mostrarse dentro de su santuario, a condición de ser servida, no por un mercader, sino por un sacerdote.
sábado, 10 de diciembre de 2016
LLUVIA FREUDIANA
(texto publicado en Esonoesunarevista.com.ar)
Casi como si supiera que más de cien años después una revista
digital le iba a dedicar un número a la lluvia, Freud le envía una carta a su
mujer para describir unas de esas tormentas que no se olvidan con facilidad.
Aquí pues se lo agradecemos y la compartimos:
1894, Viena
Amada mía:
Ayer, por la tarde,
hizo un calor insoportable. Por la mañana, me he despertado a las seis, he
visto que ya entraba luz en la habitación; he pensado para mí que este raro
acontecimiento de despertarse tan temprano debería aprovecharse para algo útil;
he llamado a la puerta de Marie, pidiéndole que me preparara el baño, y después
me he acostado de nuevo. Media hora más tarde volví a despertarme; hallé la
habitación tan oscura, que ni siquiera pude mirar la hora; deseché la idea de
que quizá me hubiera quedado ciego; me precipité a la ventana y vi un retazo de
ennegrecido firmamento. Minutos después se oía el resonar del trueno. A poco,
la calle estaba completamente blanca; los caballos se desbocaban, y grandes
granizos, de fantástico tamaño, comenzaron a arremeter contra las ventanas. Fui
corriendo a la parte posterior de la casa y encontré la ventana del despacho ya
rota en tres lugares, con mi mesa de escribir cubierta de agua y, como es
l´´ogico, las contraventanas abiertas de par en par. La terraza tenía un
aspecto que caso pudiéramos denominar grandioso. Las puertas se habían abierto
también, impulsadas por el vendaval, y había entrado el granizo, llegando hasta
el aparador. La tormenta duró media hora. Los estragos que ha producido en la
ciudad son espantosos. En una de las fachadas de casi toda la calle (la de enfrente,
en Berggasse) la mayoría de los cristales está roto, especialmente en los pisos
superiores. Hay casas enteras en las que no ha quedado ni un solo cristal sano,
como si los niños se hubieran dedicado a apedrearlos.. En las esquinas y en las
ventanas que no habían sido protegidas con molduras, el resultado resulta
formidable. Una mujer que vino a la consulta esta mañana tenía razón al afirmar
que las ventanas parecían arcos circenses después de haber saltado los perros a
través de ellos. En otras calles se ven menos destrozos. Los que más han salido
perdiendo son los árboles. En nuestro jardín hay más hojas en el suelo que en
las ramas, y el pobre árbol se ha quedado desnudo y zurrado. Parece que le han
flagelado con látigos y que los gusanos se han devorado luego lo que quedaba.
Todo lo que se pareciera a un jardín debe de estar ahora en un estado
lamentable. Me han dicho que el arreglo de las ventanas –en nuestro caso, solo
una- corre de cuenta del casero. Estoy deseando también saber si hubo tormenta
donde tú estás, pues hubiera sido horroroso. Espero que no y que se haya
limitado a descargar sobre esta ciudad.
No tengo más noticias
que darte. Ayer te escribí por la tarde, y hoy espero hacerlo otra vez.
Hablando de negocios, hoy hubiera sido más provechoso ser cristalero que
médico.
Afectuosos saludos.
Tuyo
Sigmund
Lionel F. Klimkiewicz
martes, 26 de abril de 2016
martes, 5 de enero de 2016
JAZZ: EL OMBLIGO DE UN SUEÑO

El Ombligo de un Sueño es el trabajo conjunto del contrabajista
GABRIEL DOMENICUCCI y el piansita ERNESTO AMSTEIN (aquí en Rhodes y Wurlitzer).
De los siete episodios que lo conforman, cinco son fruto de la pluma de
Domenicucci mientras que los dos restantes revelan, por su disímil origen, el
amplio campo de exploración que fue la semilla de este disco. El Disco se
sustenta en las sólidas composiciones del contrabajista y en el impulso rítmico
del diálogo improvisatorio. Fue grabado en el Estudio "Mínimo", en
Buenos Aires, en Noviembre de 2014 y mezclado en el Estudio
"Chufitlandia" por Alejandro Spinelli.
El "Ombligo de un sueño"
, que fue seleccionado como disco del mes durante Junio de 2015 por el
prestigioso Club del disco, según sus autores e intérpretes se basa en melodías
atravesadas por la magia de los sueños, buscando un desarrollo onírico de la
idea musical que recorre la obra, casi al modo del “dogma” cinematográfico.
Para disfrutar con la vista y los oídos…
viernes, 4 de septiembre de 2015
NUEVA TRADUCCIÓN: "MÁS ALLÁ DEL PRINCIPIO DE PLACER"

La editorial Mármol Izquierdo nos presenta el tercer
libro de la serie Territorios referidos al trabajo de traducción de los
manuscritos de Freud. Luego de “El Yo y
el Ello” y “Das Unheimliche”, es
el turno ahora de “Màs allà del principio
de placer”, tal vez el texto más
importante dentro de la historia del psicoanálisis. El trabajo de revisión,
presentación, articulación, comparación de textos y comentarios de Juan Carlos
Cosentino nos brinda una edición de casi 900 páginas en donde nos encontramos en
forma directa con la letra de Freud, su modo de trabajo, la construcción de su
teoría, pero también sus vacilaciones, sus especulaciones y fundamentalmente su
estilo. El mismo Cosentino nos cuenta en la presentación: “Abordamos nuevamente la construcción que realiza Freud de Jenseists des Lustprinzips. En esta
oportunidad partimos de los manuscritos conservados, es decir, de las dos
versiones alternativas y los comparamos con los textos finalmente publicados.
La difícil
travesía por el texto manuscrito consistió, primero, en examinar el texto en
alemán de la segunda versión escrita a máquina cotejándolo con el escrito
publicado y, posteriormente, en establecer el texto en alemán de la versión
manuscrita con tipografía “gótica” comparándolo con la versión a máquina.
Acto seguido,
siguiendo la nueva traducción que habíamos realizado en 2003 del texto
publicado de Jenseits, Susana
Goldmann preparó la traducción al castellano de ambas manuscritos. Por mi
parte, intervine en su revisión, articulaciones, comentarios, en la comparación
entre las tres versiones con sus reediciones y en las notas introductorias.
Al recorrer sus
múltiples versiones -los dos documentos del manuscrito, un texto publicado y
tres reeditados- se descubren las dificultades que enfrenta para sostener un
punto de inflexión en su teoría que suele situarse en torno a un texto y a una
fecha: “Más allá del principio de
placer, el giro de 1920” .
Lo que me permitió revisar los ejes de cada capítulo en el Anexo de esta
publicación.
La primera
versión escrita a mano consta de 34 páginas y sólo tiene seis capítulos
señalados con números romanos. Aún no existe el nuevo capítulo VI de la versión
impresa que añadirá con el documento mecanografiado. Razón por la cual, sin el
eje del ensayo, el manuscrito escrito a mano no puede considerarse un
“borrador”. Es, más bien, una versión alternativa que luego le resultó
insuficiente.
La segunda está
encuadernada en rústica, tiene tapas duras y lleva el apellido del autor y el
título inscripto en el lomo en letras doradas. Se trata del manuscrito que le
regalara a Max Eitingon quien lo había hecho encuadernar. Se compone, en su
mayor parte, de hojas escritas a máquina que presentan múltiples correcciones.
La principal diferencia consiste en la composición de un nuevo capítulo de 27
páginas escritas a mano (el capítulo VI de la versión impresa) que es
constitutivo para la estructura del ensayo y acarrea importantes modificaciones
en el antiguo capítulo VI, transformado en VII.
De la primera
versión el último dato que se tiene es de fines de septiembre de 1919. Luego,
durante un tiempo, no se habla más de la suerte del manuscrito. Recién el 25 de
mayo de 1920 -a principios de ese año habían fallecido su hija Sophie inesperadamente
y su amigo Anton von Freund- Freud mencionó que estaba trabajando de nuevo en
la obra. Parece tratarse de la segunda versión. Y el 18 de julio anunció que el
Más allá estaba terminado.
Las dos
versiones preparatorias deben ser leídas como documentación de un proceso de
reflexión en curso cuyas modificaciones prosiguen durante la corrección de las
pruebas de galera y no se detienen, ni siquiera, con la primera publicación en
1920: continúan en las reediciones de 1921, 1923 y 1925.”
Una
edición fundamental e insoslayable para quien pretenda estudiar con seriedad la
obra de Freud y sus formulaciones en estado naciente, en donde nos encontramos
con la marca de pensamientos urgidos por lo real del psicoanálisis. La edición
crítica bilingüe que nos presenta Juan Carlos Cosentino es una joya que nos
transmite que la obra de Freud está más
viva que nunca.
Lionel F. Klimkiewicz
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