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domingo, 19 de marzo de 2017

SENECA - CARTA 52


Carta LII La elección del maestro

 ¿Cuál es, oh Lucilio, esta fuerza que nos atrae en un sentido, cuando nosotros tendemos hacia otro y nos empuja hacia allí donde querríamos apartarnos? ¿Qué es esto que lucha contra nuestra alma, y no permite que nosotros queramos ninguna cosa una vez para siempre? Fluctuamos entre diversos propósitos; no queremos nada con voluntad libre, absoluta, perpetua.<< Es, dices, la estulticia que no se detiene ante nada, ni nada no le viene a gusto mucho tiempo>> Pero, ¿Cómo y cuándo nos desharemos? Ninguno, por sí mismo, tiene bastante para poder alzarse encima de ella; se necesita que alguien le alargue la mano, que alguien le levante. Dice Epicuro que algunos llegaron a la verdad sin ayuda de nadie, que ellos mismos se abrieron el camino. Es a estos a quienes rindo mis alabanzas, por haber tomado empuje por sí mismos, por haberse producido espontáneamente; pero otros necesitan una ayuda extraño, incapaces de caminar, si ninguno les precede, pero muy capaces de seguir. De éstos últimos dice que es Metrodor, espíritu noble, sin duda, pero de segundo orden. Nosotros no somos del primero, buen goce si somos aceptados en el segundo. No desprecies a este hombre que puede salvarse en beneficio de otro; ya es mucho quererse salvar. Además de estas dos clases de personas, encontrarás aún otra, no ciertamente despreciable, de hombres que pueden ser dirigidos e incluso compelidos al bien; necesitan éstos no solamente un guía, sino ayuda, y hasta diré coacción. Este es el tercer matiz. Si quieres también un ejemplo, Epicuro dice Hermarc era uno. Epicuro felicita al primero, pero admira más al segundo, porque aunque ambos lleguen al mismo fin, merecen mejor alabanza de haber hecho lo mismo con un carácter más difícil. Imagínate que se levantan dos edificios, desiguales en los fundamentos, pero iguales en altura y magnificencia; que el uno, establecido en fundamentos sólidos, ha subido rápidamente, pero el otro tiene los fundamentos costosamente construidos en tierra esponjosa y humedecida y gran trabajo costó antes que se llegara a roca firme. Quien contemple la obra hecha en el uno y en el otro, verá que el segundo oculta lo más grande y difícil. Hay caracteres fáciles y prontos; otros han de ser trabajados a mano, como suele decirse, y dan mucho trabajo a apoyarse en los fundamentos. Yo tendré por más feliz a aquél que no ha tenido que luchar con el temperamento, pero a merecido más de sí mismo quien ha vencido el desorden de su naturaleza, y más que encaminarse, se ha arrastrado hacia la sabiduría. Sepas que es este temperamento duro y laborioso el que nos ha sido dado a nosotros: caminamos entre medio de obstáculos. Nos hace falta, pues, luchar y reclamar el auxilio de alguien. ¿Qué reclamaré?, dices. Uno u otro. Pero vuelve siempre a los primitivos, siempre dispuestos, pues no solo los que son, sino también los que fueron pueden ayudarnos. Y entre los que son, escogemos no a aquellos que atropellan con gran rapidez las palaras, y utilizan lugares comunes y se hacen alrededor de sus rollos de gente atontada. (<>: eran parlanchines ambulantes, prestidigitadores o vendedores a los cuales Séneca compara con los filósofos que buscaban los aplausos o dinero), sino aquellos que enseñan con el ejemplo, que después de decir que es lo que hay que hacer, lo demuestran haciéndolo, que enseñan evitar lo que evitar y no son nunca sorprendidos en las cosas que dieron por vedadas. Escoge tal auxiliar que te despierte más admiración cuando le veas que cuando lo oigas. No por eso te prohibiré escuchar a aquellos que acostumbran a admitir a la turba en sus discursos, siempre que su propósito de hablar a la multitud sea para llegar a ser mejores y hacer llegar a los otros, y que no obran así por ambición. Pues, ¿qué es más vergonzoso para la filosofía que captar aclamaciones? ¿Tal vez el enfermo alaba al médico que le corta las carnes? Callad, tened reverencia y disponeros a ser curados, aunque hagáis aclamaciones, no haré más caso que si, tocando lo vivo de de vuestros vicios, gemíais. ¿Queréis dar muestra de cómo estáis atentos y golpeados por las cosas grandes? Sea. ¿Cómo no permitir que juzguéis y emitáis sufragio de lo que es mejor? En la escuela de Pitágoras , los discípulos habían de callar cinco años; ¿es que puedes creer que después se les daba el derecho a hablar y alabar juntamente? Qué grande es la locura de aquél que sale sonriente del auditorio de ignorantes que le han aplaudido? ¿Porqué te alegras de ser alabado de estos hombres a los que tú no puedes alabar? Fabian disertaba en público, pero era escuchado en silencio, y se tanto en tanto estallaban las aclamaciones y los elogios, eran provocados por la grandeza de las ideas, no por el sonido del discurso, pronunciado con voz inofensiva y acomodada. Ha de haber alguna diferencia entre las aclamaciones en el teatro y las de la escuela, pues no falta de haber alabanzas indiscretas. Si bien se observa, todas las cosas tienen sus indicios, e incluso de los actos más pequeños puede sacarse argumento para conocer las costumbres: el impúdico es traicionado por los andares, por el movimiento de la mano, a veces por una sola respuesta, por la manera de tocarse la cabeza con un dedo (gesto que era tenido como señal de afeminamiento o de vicio- Plutarco Moralia, 89; Ammianus, 17,11; Juvenal IX, 133) por la mirada espantada; la risa delata al malvado, el rostro y el comportamiento denuncia al loco. Estos defectos son puestos en evidencia por sus síntomas: sabrás como es cada uno, si miras como alaba y como es alabado. Por aquí y por allá, ciertos filósofos son aplaudidos por los oyentes y la turba de los admiradores está admirada de ellos; si bien lo, entiendes, no es que los alaben, sino que los aclaman. Hay que dejar estos clamores aquellas profesiones que se proponen gustar a la turba; la filosofía ha de ser adorada. A los jóvenes se les ha de permitir alguna vez seguir los impulsos del corazón, pero solo cuando obren por impulso y no sean capaces de imponer el silencio: tal alabanza es como un animar por el auditorio y obra como un estimulante en los adolescentes. Conmuévanse por las ideas, no por las palabras sonoras, de lo contrario la elocuencia les será nociva, pues no les despertará el deseo de la verdad, sino la de ella misma. Por ahora suspenderé esta cuestión, pues haría falta un desarrollo más apropiado y más extenso para tratar de cómo se ha de hablar al pueblo, que es lo que se ha de permitir ante él, y que ha de permitir el pueblo ante el mismo. Que la filosofía ha sufrido daño después de que ha sido sometida a la plebe, no hay ninguna duda; pero puede bien mostrarse dentro de su santuario, a condición de ser servida, no por un mercader, sino por un sacerdote.

viernes, 27 de febrero de 2015

BAJEZAS CON ALTURA


(Quevedo Vs. Góngora)

Para confrontar, desvalorizar, ridiculizar o ganar un minuto de fama, tanto políticos, como actores, y mediáticos en general, pueblan los medios de comunicación brindándonos uno de los espectáculos más lamentables que la condición humana nos pueda ofrecer. Si por lo menos lo hicieran con gracia, o con altura, podríamos divertirnos o entretenernos, pero lamentablemente eligen un estilo burdo, grosero y desmedidamente agresivo que nos transmite la idea de que todo vale si el fin es permanecer en boca de la gente, casi con afán de ser deglutidos por la morbosidad latente en el televidente medio.
Por suerte, la historia de la literatura nos otorga momento ejemplares en donde estos menesteres de burlarse del otro eran abordados con altura y exquisitez.
En este diálogo poético entre Quevedo y Góngora, el lector atento encontrará, no sin esfuerzo, las burlas más  infames: Quevedo diciendo de Góngora que es un judío renegado, bufarrón, amante del culo y Góngora tratando a Quevedo de rengo, ciego y bruto. Derroche de estilo y juego de palabras que nos muestran que entre la bajeza y la altura existe una distancia muy difícil de medir…

Quevedo:
“Quevedo contra Góngora”
Yo te untaré mis obra con tocino,
Porque no me las muerdas Gongorilla,
Perro de los ingenios de Castilla,
Docto en pullas, cual mozo de camino

Apenas hombre, sacerdote indino,
Que aprendiste sin christus la cartilla
Chocarrero de Córdoba y Sevilla
Y en la corte, bufón a lo divino.

¿Por qué censuras tú la lengua griega
Siendo sólo rabí de la judía,
Cosa que tu naríz aún no lo niega?

No escribas versos más, por visa mía;
Aunque aquesto de escribas se te pega,
Por tener de sayón la rebeldía.



Góngora:

“A don francisco de Quevedo”
Anacreonte español, no hay quien os tope
Que no diga con mucha cortesía,
Que ya que vuestros pies son de elegía,
Que vuestras suavidades son de arrope.

¿No imitaréis al terenciano Lope,
Que al de Belerofonte cada d+ia
Sobre suecos de cómica poesía
Se calza espuelas, y le da un galope?

Con cuidado especial vuestros antojos
Dicen que quieren traducir al griego,
No habiéndolo mirado vuestros ojos.

Prestádselos un rato a mi ojo ciego,
Porque a luz saque ciertos versos flojos,
Y entenderéis cualquier greguesco luego.



Quevedo:

“Contra Luis de Góngora y su poesía”
Este cíclope, no siciliano,
del microcosmo sí, orbe postrero;
esta antípoda faz, cuyo hemisfero
zona divide en término italiano;

este círculo vivo en todo plano;
este que, siendo solamente cero,
le multiplica y parte por entero
todo buen abaquista veneciano;

el minóculo sí, más ciego vulto;
el resquicio barbado de melenas;
esta cima del vicio y del insulto;

este, en quien hoy los pedos son sirenas,
éste es el culo, en Góngora y en culto,
que un bujarrón le conociera apenas.



Lionel Klimkiewicz


sábado, 28 de junio de 2014

ENCUENTRO ÍNTIMO ENTRE LENGUAS


 




A Buenos Aires, que se convierte en la ciudad de la furia cada mañana, todavía le quedan algunos encantos que se pueden disfrutar. Los amantes de los libros por ahora seguimos teniendo a la avenida Corrientes, que nos otorga el pequeño encanto de poder caminarla de vez en cuando y encontrar algún ejemplar de esos difíciles de conseguir en las grandes cadenas o en las -más fashion que interesantes- librerías del barrio de Palermo. En uno de mis últimos paseos por allí, entre Callao y el obelisco, medio ocultos entre viejos ejemplares de saldos y revistas de crucigramas, me encontré con dos joyas a precio de remate que estaban ahí, como esperándome: Dos libros de la editorial Gredos escritos por Valentín García Yebra llamados “Experiencias de un traductor” y “Traducción y enriquecimiento de la lengua del traductor”. Ambos contienen artículos que versan sobre el arte de traducir y el oficio del traductor.
Para Yebra, la traducción como proceso consiste en enunciar en una lengua lo previamente enunciado en otra, conservando lo mejor posible las equivalencias semánticas y estilísticas. Al traductor entonces se le plantean tres problemas principales:¿Es posible la traducción?¿Qué es en un texto lo que debe traducirse?¿Cómo debe traducirse? Es que si la traducción tuviera que reproducir todos los detalles de la estructura formal léxica, morfológica y sintáctica del texto original, sería, en efecto, imposible. La traducción no consiste en eso  sino en reproducir su contenido y su estilo.
Pero para traducir el contenido es preciso distinguir el significado, la designación y el sentido. Por eso, el traductor, según afirma el autor, está obligado a conservar no solo el sentido del texto, sino también sus designaciones, a veces incluso sus significados, mientras la lengua terminal, la lengua hacia la que se traduce, no le imponga equivalentes que prescindan de los significados y hasta de las designaciones. Es así entonces como propone la regla de oro para toda traducción: “decir todo lo que dice el original, no decir nada que el original no diga, y decirlo todo con la corrección y naturalidad que permita la lengua hacia la que se traduce”.
Uno de los temas más interesantes abordados en estos libros es el de los neologismos., que son los elementos nuevos que dan vigor y pujanza a una lengua. Hay cuatro tipos de neologismos: a) las palabras derivadas (ej: ojera, anteojo, antojo, ojear, ojeada, ojal, etc.), b) las palabras compuestas (combinando sustantivos, adjetivos y verbos, ej: compraventa, medialuna, mediodía, duermevela, cortaplumas, pasamontañas, maldecir, maltratar, etc), c) préstamos (palabra que una lengua toma de otra sin traducirla) y d) cálcos (que es una traducción absoluta, por ej: Kindergarten por jardín de infantes). También es un neologismo la adquisición por una palabra ya existente de un significado que antes no tenía, incluso la revitalización de un arcaísmo para designar algo nuevo. Sin olvidar también que hay dos fases en el proceso de la nueva palabra: en primer lugar, la invención instantánea y en segundo, la aceptación gradual por un número suficiente de usuarios del sistema, que constituye la sanción necesaria para la instalación del neologismo en la lengua.
Son dos libros que aquellos amantes de las palabras sabrán disfrutar, porque en definitiva, contienen el testimonio de un trabajador del lenguaje, de una investigación que habla del contacto más íntimo que se produce en el encuentro   entre lenguas.


                                                                       Lionel F. Klimkiewicz

lunes, 31 de marzo de 2014

FREUD "DAS UNHEIMLICHE"-MANUSCRITO INÉDITO -NUEVO LIBRO




En el año 1920, con la aparición del texto “Más allá del Principio del Placer”, se inicia un camino conceptual en la obra de Freud que determinará un giro capital en la historia del psicoanálisis como praxis1. Giro determinado por el encuentro en la clínica con el inconsciente no reprimido y la Pulsión de Muerte.
En esa época Freud se encontraba con el obstáculo de cons­truir su teoría, sus conceptualizaciones, en torno de aquello que en la clínica se le presentaba como lo no simbolizado, lo no re­conocido, lo no ligado -todos nombres de lo Real que funda el discurso.
Así es como en 1919, cuando en Viena todavía se hacían sen­tir con fuerza las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, redacta un artículo para la revista “Imago” titulado “Das Un­heimliche” en donde adelanta algunas de las formulaciones que desarrollaría con mayor profundidad en el “Más allá…”, escrito en el que también estaba trabajando en ese momento. Según él mismo manifestaba en cartas de esa época, consideraba a su trabajo como pequeño y poco importante. Sin embargo, tal como suele ocurrir en estos casos, los efectos de una obra sobrepasan los cálculos de su autor, y así, a casi cien años de su publicación, “Das Unheimliche” se ha ganado un lugar de importancia dentro de la teoría psicoanalítica por ser un texto clave para abordar, por ejemplo, la cuestión de la angustia.
En el año 2012, llegó a mis manos, gracias a las gestiones del Dr. Juan Carlos Cosentino, una copia del ma­nuscrito de “Das Unheimliche” que se encuentra en la Biblioteca del Congreso de Washington.
El trabajo con el manuscrito posibilita el encuentro casi directo con la producción de Freud, es decir, sus formulaciones en esta­do naciente, incluidas sus vacilaciones -que se manifiestan en los agregados, tachaduras, equivocaciones- pero fundamentalmente con su estilo.
En esta oportunidad entonces, presen­tamos una nueva edición del ensayo de Freud con los tres capítu­los del texto y aquellos agregados que, según entendemos, corres­ponden al capítulo 1 y que hasta ahora no fueron publicados. Además, al ser una traducción directa del manuscrito, también se incluyen las palabras o frases tachadas o corregidas por Freud para poder transmitir al lector aquellos de­talles que, como manifesté anteriormente, dan cuenta del estado naciente de su producción. Para acercar con mayor profundidad el texto al lector se han agregado notas introductorias y comen­tarios en cada capítulo.
Dos anexos completan el libro. En el primero, el lector in­teresado en indagar sobre los antecedentes en la cultura y en la obra de Freud del tema de lo Unheimliche, como así también de su importancia en el psicoanálisis y en la estética, encontrará un pequeño estudio que, sin ser exhaustivo, tal vez le sirva co­mo punto de partida a investigaciones más detalladas. Se inclu­yen también dos textos citados por Freud, fundamentalmente aquel que contiene la ya famosa frase de Schelling “Se denomina -Unheimlich a todo lo que…”, y que el padre del psicoanálisis extrae del diccionario de Sanders.
En un segundo anexo presentamos por primera vez en castellano, la traducción del texto “Sobre la Psicología de lo Unhei­mlichen” de Ernst Jentsch, que entendemos es la referencia prin­cipal del texto freudiano y que por ese motivo se torna impres­cindible para su comprensión.

                                                              Lionel F. Klimkiewicz

miércoles, 5 de febrero de 2014

LA HISTORIA DEL LIBRO




Escribir una historia del libro es, de alguna manera, recorrer  la historia de la escritura y también, claro está, la historia del hombre. Entonces, en esa rica conjugación de caminos,  entre otras cosas podemos encontrar, por ejemplo, los vínculos entre los cuerpos tatuados de los antiguos indígenas, las fórmulas para preparar una buena tinta y la invención de la imprenta.
En “La historia del Libro”, escrito por M. Ilin y publicado por Leviatán hace ya varios años, además de estos entrecruzamientos, nos vamos a encontrar con un recorrido simple, ameno y plagado de detalles que nos acercan a cómo la escritura, a lo largo de los siglos, fue sirviéndose de diversos soportes que fueron cambiando según los avances científicos, culturales y tecnológicos.
En estas páginas el autor nos ofrece lindos ejemplos de esa rica historia: escribir sobre la piedra, por ejemplo, daba más tiempo de supervivencia a lo escrito y hacía que las letras fueran rígidas y derechas; el uso del papiro, en cambio, permitía que las letras fueran más redondeadas y que se pudiera escribir con tinta –que se hacía con una mezcla de hollín y agua- utilizando una especie de pluma hecha de juncos.
Pero uno de los modos más notables, por las resonancias que tiene en la actualidad, era escribir sobre tabletas. Así es como los libros, entonces, estaban compuestos por un número de pequeñas tabletas y cada una de ellas estaba vaciada en el medio para obtener un espacio rectangular que se llenaba de cera amarilla donde se escribía, y en sus dos esquinas tenían agujeros por los cuales se pasaban cordones que mantenían las tabletas formando un solo ejemplar. Por supuesto que en ellas no se escribía con tinta, sino que se usaban puntas de acero llamadas estiletes, que tenían un extremo puntiagudo con el que se escribía y el otro redondo, con el que se borraba. La frase “escribir con estilo” o hablar del “estilo de un autor” deriva del uso de este instrumento.
“Historia del Libro” es un libro pequeño, muy entretenido, recomendable para cualquier amante de estos objetos que fueron y seguirán cambiando a lo largo de la historia y que nos hace pensar bastante sobre estas frecuentes disputas sobre si los libros -como objeto- sobrevivirán a las nuevas tecnologías.


                                                           Lionel F. Klimkiewicz

jueves, 21 de noviembre de 2013

ROMANTICISMO, de R. Safranski


            El Romanticismo alemán, que había comenzado con el lema “Sturm und Drang” (tormenta y empuje) estaba bañado del impulso y el temple que lleva la revolución al mundo del espíritu y la poesía, y estaba comandado en un principio por los hermanos Schlegel (uno de los cuales había traducido las obras de Shakespeare que Freud gustaba leer), Tieck, Fitche, Schelling, Jean Paul y Novalis, que, siguiendo los pasos del mítico viaje de Herder, se embarcaron en un mar de sueños, ideas y fantasías.
            El movimiento también abrazó, entre muchos otros, a Heine, Schleiermacher, Schiller, Wagner, Nietzsche, y tiene a uno de sus últimos referentes en E.T.A. Hoffmann. Como afirma R. Safranski en su libro ”Romanticismo: una odisea del espíritu alemán” el espíritu romántico es multiforme, musical, rico en prospecciones y tentaciones, ama la lejanía del futuro y la del pasado, las sorpresas de lo cotidiano, los extremos, lo inconsciente, el sueño, la locura, los laberintos de la reflexión. El espíritu romántico no se mantiene idéntico, más bien se transforma y es contradictorio, es añorante y cínico, alocado hasta lo incomprensible y popular, irónico y exaltado, enamorado de sí mismo y sociable.
            En este libro, Safranski nos introduce en este movimiento cultural de manera muy clara y comprensible, abordándolo desde múltiples aspectos: lo literario, lo religioso, lo político, la pintura y la música, siempre en torno al nacimiento de una nueva estética, que exaltaba las pasiones y proponía a “lo romántico” como una actitud del espíritu, actitud que, según el autor, perdura hasta nuestros días.
            El libro, además, nos sitúa en la subjetividad de una época, la que va del siglo XVIII al XIX, en donde los libros comienzan a tener un protagonismo enorme, y un nuevo Yo plagado de sentimientos, misterios, genio, mitología y filosofía, comienza a nacer. Un Yo romántico que, como decía Novalis, da alto sentido a lo ordinario, dignidad de desconocido a lo conocido y apariencia infinita a lo finito.
Por último, no falta en este recorrido las aristas de este movimiento que llegaron hasta nosotros, pasando por el nazismo y el Mayo del ´68, y que tienden a manifestarse cada vez que el mundo se presenta como extraño o nos encontramos ante lo diferente.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             Lionel F. Klimkiewicz
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           



sábado, 27 de julio de 2013

FRANCOIS CHENG Y LA BELLEZA


 

 

                                                     
Meditar sobre la belleza es una tarea que implica, según explica Francois Cheng, lo que podríamos denominar una actitud y posición subjetiva especial, basada en ahondar en la capacidad para la receptividad y en el recogimiento. Esto es lo que permitirá establecer las condiciones de lo que, en su libro “Cinco meditaciones sobre la belleza”, Cheng llama una “vida abierta”, para impedir que  un sujeto se encierre en un narcisismo mortífero que solo quiere la exclusión de lo diferente por resultarle peligroso para sí mismo.
Para este poeta chino, con el cual J. Lacan mantuvo varios encuentros de trabajo sobre poesía oriental, la belleza tiene tres aristas que la caracterizan: a) es un advenimiento, una epifanía, un “aparecer ahí”. b) es un entrecruzamiento entre elementos que la componen, como aquella que se produce durante el atardecer entre la luz del sol y el resplandecer de ella en los árboles, las flores, los muros, etc. c) de ese encuentro nace una revelación. En consecuencia, la experiencia artística debe mantener dos designios: tiene que expresar, por un lado, la parte violenta y sufriente de la vida, junto con todas las perversiones que ella engendra, y por otro, debe continuar revelando lo que el universo expresa en forma de belleza. En ese camino se deben derribar las barreras de la costumbre para lograr una nueva manera de vivir y percibir. Esto es posible solo si se concibe a la belleza, no como un dato, sino como un Don.

Este hermoso libro de Francois Cheng explora durante cinco meditaciones el entrecruzamiento entre la estética occidental y oriental de un modo muy personal, logrando transmitir –siendo muy consecuente con su trabajo- su propia experiencia con la belleza.

                                                     Lionel F. Klimkiewicz

domingo, 16 de junio de 2013

LUNA DE CARNAVAL (CUENTO)


Era de noche y la quietud de las calles del pueblo contrastaba con el ánimo de Isabela. Faltaban apenas dos días para el baile de carnaval y por su cabeza pasaban pensamientos que no la dejaban en paz. Había esperado con ansias esas vacaciones de verano en la casa de sus abuelos desde el año anterior, cuando conoció a ese joven que le hizo sentir por primera vez el amor. Pero ahora, a poco de volver a tenerlo frente suyo estaba desesperada, angustiada. Sabía que él había venido ese fin de semana especialmente para los bailes. Ya se lo había cruzado esa mañana por la calle y habían cambiado unas pocas palabras.
Pero ahora no sabía qué hacer. Había pasado todo el día pensando cómo iba a ser su disfraz  y nada la convencía. Quería poder encontrar el modo de sentirse lo suficientemente especial, para que él se fijara nuevamente en ella, pero todo atuendo que se probaba la hacía sentir ridícula, incapaz de provocarle el menor sentimiento a alguien.
Así se sentía cuando salió al jardín donde estaban sus abuelos, disfrutando del brillo de la luna -algo que para Isabela en esos momentos era imposible de hacer.
-¿Qué pasa mi chiquita que tiene esa cara?-Preguntó con sorpresa la abuela, y agregó-: Siéntese con nosotros y cuente nomás, que cuando la luna brilla así todos los problemas se aclaran…
-¡¿Qué me va a pasar?! En dos días es el baile y yo no encuentro de qué disfrazarme! Todo me queda mal, todo me queda horrible…
-Ponete el disfraz que te trajiste, ¿Acaso no lo compraste especialmente?-preguntó el abuelo.
-¡Ni loca me lo pongo! Ya me enteré que Manuela tiene uno igual.¡ Lo que me falta! ¡Llegar y encontrarme con otra que se puso lo mismo que yo! Después de eso, el suicidio…
-Lo peor no sería eso, sino que te disfraces de vos misma y nadie te reconozca…
-¡No estoy para chistes abuelo! Lo mejor que puedo hacer es no ir. ¿Para qué? ¿Para pasarla mal? Total esos bailes son siempre iguales…Mejor hago como ustedes y me quedo aquí mirando la luna…
-La luna solo se puede disfrutar si uno está tranquila, mi cielito-le dijo con dulzura la abuela- porque es como un espejo que siempre te va a devolver el reflejo de tu alma. Además…¿Te vas a perder el baile? ¡Si siempre la pasás bien! Mirá…¿Por qué mejor ahora no vas a dormir?
-Tenés razón abuela, es lo mejor que puedo hacer…
Y tal vez fue esa misma luna que sus abuelos habían aprendido a disfrutar con el correr de la vida la que le envió un sueño de esos que no se olvidan fácilmente. En él, Isabela se encontraba caminando una noche por una de las calles del pueblo, sola. De pronto, en una antigua casa aparecía una persona vestida de blanco que ella no conocía, y que la invitaba a acercarse. En la puerta había un cartel que decía “Carnaval de Pandora”. Al momento siguiente se encontraba dentro de un salón enorme, interminable, decorado con colores distintos, contrastantes. A su alrededor aparecían muchas personas, bailando una música muy alegre. Comenzaba entonces a caminar por el salón y notaba que todos estaban disfrazados de una manera muy extraña. Algo de esos disfraces le resultaba familiar, pero los miraba y sentía que no podía llegar a captar de qué se trataba. Decidía entonces comenzar a preguntar y acercándose a alguien que estaba bailando le preguntó  “vos quién sos?”, la persona la miró con sorpresa y le respondió, casi a los gritos en medio de la música, “soy la alegría”, “y yo la amargura” agregó la que bailaba a su lado. Sorprendida, se iba acercando a otros que le iban diciendo “yo soy la envidia”, “yo soy el amor mi querida”, “yo soy el odio”, “y yo la tristeza”; así fue que se fueron presentando la belleza, la ignorancia, la valentía, el temor, la angustia, la felicidad y muchos otros más, mientras Isabela los miraba casi con perplejidad. Hasta que al fin, alguien que dijo ser “la duda” le preguntó a ella “y vos quién sos?”; en ese preciso momento Isabela por primera vez se mira y nota que está vestida con la misma ropa que la mañana de ese día llevaba puesta al encontrarse con el joven que había robado su corazón. Entonces, titubeando, sintiendo que no sabía qué responder, logra decir “soy…¿yo misma?”. Todos hicieron un instante de silencio, la miraron, hasta que uno de ellos, el que antes se había presentado diciendo “soy la verdad”, exclamó: “¡¡¡Entonces nosotros somos vos!!! ¡¡¡Esto es carnaval!!!”, y todos estallaron en una risa y se pusieron a bailar.
Y como de los sueños nadie puede hacerse el desentendido, Isabela despertó esa mañana con la sensación de que algo había pasado. Se levantó y se dirigió al parque donde ya estaban sus abuelos tomando mate. Era temprano, y el aire fresco de la mañana, el sol y unos pastelitos caseros la terminaron de despabilar.
Luego de saludarlos les dijo:
-Cualquiera diría que pasaron aquí toda la noche…
-Siempre que podemos, en verano, nos levantamos a ver el amanecer-dijo la abuela acercándole un mate- El aire fresco de la mañana siempre trae algo agradable…como si todo naciera por primera vez…y a los viejos eso nos gusta mucho…
-Dormiste bien Isa?- Le preguntó el abuelo.
-Si…-respondió, y luego de un momento de silencio, dirigió una mirada cómplice a su abuela y agregó:-ya lo decidí y voy a necesitar tu ayuda. Para el baile me voy a vestir toda de blanco. Voy a ser la Luna. La que refleje el alma de los que me miren ¡Ja! ¿Qué les parece?
-Qué buena idea!-dijo la abuela con una sonrisa-Es así, la luna, este sol tan lindo, las flores, los pájaros, son la única realidad verdadera, lo demás es un juego que hay que aprender a jugar…como el carnaval, mi chiquita, como el carnaval…        

    FIN

Lionel F. Klimkiewicz
                                                           

sábado, 4 de mayo de 2013

HUXLEY:ADONIS Y EL ALFABETO




La palabra dinastía que utiliza J.L.Borges en un texto de su juventud para hablar sobre ellos está muy bien elegida. Los Huxley son una dinastía de intelectuales brillantes. Thomas, el abuelo, famoso científico divulgador de las ideas de Darwin; Leonard, el padre, escritor, que tuvo varios hijos, entre ellos Julián, biólogo fundador de la UNESCO, Andrew, premio Nobel de medicina y Aldous, escritor, poeta, guionista, ensayista.
En esa reseña que data del año 1927, Borges, al escribir sobre este entramado familiar tan culturalmente fructífero, incluye una frase de un libro de Julián que dice: “la continua corriente vital llamada género humano está rota en pedacitos aislados llamados individuos. Esto sucede con todos los animales superiores, pero no es necesario: es un expediente. La materia viva tiene que desplegar dos actividades: una que se refiere a su inmediato comercio con el mundo exterior; otra a su futura perpetuación. El individuo es un artificio para que una porción de materia viva pueda desempeñarse y proceder en un medio ambiente determinado. Después de un tiempo lo desechan y muere. Contiene, sin embargo, una reserva de sustancia inmortal, que transmite a las generaciones futuras.” La escribió Julián, pero podemos imaginar que la tomó luego Aldous en su libro Adonis y el alfabeto -obra que contiene varios ensayos reunidos por el autor- ya que entre ellos se encuentra uno titulado “Hiperión a un sátiro”, en donde realiza una sutil semblanza de la historia del hombre a partir de lo que el hablante-ser hizo con sus desechos. Para el autor, lo que ha cambiado en el curso de la historia no es la repugnancia a la suciedad sino la moraleja que se deduce de ella.  Por ese carril desfilan entonces el efecto de los malos olores, la suciedad, los piojos y los excrementos, pero también la diferencia en la  calidad de la ropa, el uso de jabones, la invención de las alcantarillas y  los signos de manchas de grasa. Pero más allá de las moralejas, a veces risueñas y muchas otras veces  profundas,  lo que Aldous Huxley deja en claro es de qué manera la suciedad y la intocabilidad que ella crea ponen de manifiesto diferentes modos de distinción de clases y personas. Lugares que, todavía al día de hoy no cuentan con agua potable o sistemas cloacales, diferencian una geografía social, al igual que las diferentes calidades de ropas y telas que usamos para vestirnos, o la limpieza de los lugares donde las adquirimos. No quedan al margen las referencias a situaciones de sometimiento, negocio o interés personal que llevan a diferentes personas a vivir pendientes de los desperdicios ajenos, aunque estos tengan forma de excrementos, dinero u objetos. Qué es lo que hace una cultura, una clase social o un sujeto con sus desperdicios,  es la pregunta que arma el texto. Las ideas que desprende de él son brillantes e invita a la reflexión respecto del lugar y la función del desecho en sus diferentes formas y simbolizaciones. La primera imagen que muestra el escrito habla por sí sola: caminando junto a Thomas Mann por una playa, se encuentran con miles de preservativos usados que el mar había devuelto a la costa luego de ser arrojados allí por las cloacas de la ciudad de Los Angeles: restos, diría Julián,  transformados tal vez en signos de  la  resistencia del ser humano a convertirse él mismo en  desecho de la vida.
Con un gran despliegue de inteligencia, Aldous Huxley muestra en cada en sayo de su libro un modo de encontrar vínculos entre elementos muy diversos que le revelan al lector novedosas relaciones entre cosas que suelen quedar ocultas bajo el velo de lo cotidiano.


                                                                                   Lionel F. Klimkiewicz

jueves, 21 de marzo de 2013

LA ESTÉTICA DE SCHLEIERMACHER




                                         

Uno de los tantos datos curiosos que contiene el texto Das Unheimliche de Sigmund Freud, es aquel donde el inventor del psicoanálisis escribe el nombre de Schleiermacher en lugar del de Schelling al parafrasear su definición de Lo Siniestro. Confusión, equivocación, acto fallido… quién sabe? Por lo pronto ese hecho nos da una buena excusa para acercarnos a la obra de este no tan conocido protagonista del texto de Freud.
Friedrich Daniel Ernst Schleiermacher nació en 1768 en Silesia (la actual Polonia), fue teólogo, filósofo, traductor y es considerado el padre de la hermenéutica. Impartió lecciones de estética de las cuales se publicaron, luego de su fallecimiento, las notas que utilizaba y que corresponden a los cursos dictados entre 1819 y 1825 en la Universidad de Berlín.  En estas notas, que llegan a nuestros días en forma de libro, encontramos ideas realmente interesantes sobre teoría del arte.
De esta obra -en la cual parte aclarando que el objeto principal de su investigación es el significado ético del impulso artístico, entendiendo a la estética como una teoría de la sensación contrapuesta a la Lógica- me interesa compartir dos ideas. La primera consiste en plantear que la actividad artística se basa en tres momentos diferentes: la excitación (energía, inspiración original), la invención (o formación arquetípica) y la ejecución (o habilidad orgánica). En el interjuego de estos tres elementos se encuentra la “imagen completa del mundo del arte”, mundo en el cual si predominan los dos primeros tenemos la llamada “genialidad” y si predomina el última, el “virtuosismo”. Pero la idea se pone más interesante cuando falta alguna de ellos. Por ejemplo, si falta la excitación, el proceso no podría comenzar, pero si solo encontramos este elemento nos queda meramente la posibilidad transformar esa fuerza  en un deseo que posibilite solamente ser receptores del arte, sin capacidad de producción; si falta la invención, las otras dos producen, sin duda, algo carente de arte, o no habría lugar más que para la imitación o el plagio; si faltara la habilidad orgánica, solo predominaría la inspiración, ya que la invención no podría asimilarse a la ejecución. Sería tal vez un buen ejercicio que cada uno pueda poner a prueba esta teoría pensando en un ejemplo cercano a su propia cultura, sabiendo que en nuestros días el calificativo de “artista” se utiliza sin demasiada rigurosidad.
La segunda idea se desprende entonces de la primera: el Arte es la identidad de la inspiración –por medio de la cual la expresión surge de la excitación interna- y de la reflexión -por medio de la cual la expresión surge del “arquetipo”. Por el otro lado, lo carente de arte es la inmediata identidad de la excitación y la expresión, que se unen por un vínculo inconsciente.
Pivoteando entre el clasicismo y el romanticismo, para Schleiermacher –cuyo nombre significa “fabricante de velos”- el arte debe purificar las pasiones, ya que hace “que llegue correctamente la plenitud de la moderación a ser intuición”.

                                                                                              Lionel F. Klimkiewicz

martes, 19 de febrero de 2013

UNA IMAGEN



No es verdad que una imagen valga más de mil palabras. Menos aún cuando se trata de las palabras de un gran escritor como Henry James. En su libro “La humillación de los Northmore” publicado por Emecé –que dicho sea de paso, tiene un prólogo de Borges-  hablando sobre una pérdida, nos regala la siguiente imagen:

“Durante los primeros seis meses se preguntó qué era lo que ella misma podía hacer, y tuvo gran parte del tiempo la sensación de que caminaba al lado de un río de rápida corriente sobre el cual se alejaba flotando un objeto querido. Todo su instinto la empujaba a no dejarlo escapar, a no perderlo de vista, a apresurarse por la orilla y adelantarse a algún punto desde el cual pudiera extender el brazo y apresarlo, y salvarlo. ¡Ah!, sólo seguía flotando; lo mantenía a la vista, porque el río era largo, pero no descubría ningún punto adecuado para el rescate. Corrió, vigiló, vivió con su enorme miedo; y todo el tiempo, a medida que disminuía la distancia al mar, la correntada aumentaba perceptiblemente.”

                                                                       Lionel F. Klimkiewicz

miércoles, 30 de enero de 2013

MÚSICA



Hace unos meses, buscando un libro por internet, me topé con una novela de Mishima llamada “Música”. Como no la conocía, al instante decidí comprarla, ya que pensé que un libro dedicado a la música escrito por él merecía ser leído. Semanas después, cuando el ejemplar cayó en mis manos, la sorpresa fue mayor, ya que al abrirlo me encontré con un inesperado subtítulo que decía: “una interpretación psicoanalítica de un caso de frigidez femenina”. Se instaló entonces en mí la cuota necesaria de incertidumbre requerida para comenzar a leerlo, y lo hice sin perder tiempo.
A las pocas páginas me dí cuenta que continuar requería sacarse esos tontos prejuicios que todos llevamos dentro: Imagínense…el protagonista es un psicoanalista de los que comúnmente se conocen en la jerga “psi” como postfreudianos, seguidor además del Daseinanalyse, que no duda en citar a Freud, a Stekel y a Rogers y y que encima de todo…es japonés, con todo su bagaje cultural de sincretismo religioso a cuestas. Vale como ejemplo, la primera visita que le realiza Reiko, la que será la otra protagonista de la novela. Ella consulta porque, según dice, “no puede escuchar la música”, ante lo cual el dr. Shiomi no duda en prender una radio para comprobar si era cierto…
Pero en realidad, esta escena casi grotesca da pié al inicio de una historia llena de ironía e inteligencia, cuya trama se va armando tan bien que no se ve apañada por el “caso clínico” implícito en ella, ya que está construida por diversas escenas que van armando un argumento en donde la sexualidad, la vida, la muerte y lo femenino se conjugan con sutileza, hasta llevar a la novela a su punto máximo, que se produce cuando… esperen un segundo… creo que para explicar lo que quiero decir debo dar un rodeo. Es que en esos días, por diversas recomendaciones y comentarios (casi todas venidas del “ambiente psi”, justamente) me dispuse a ver la película “Shame”, la que a los pocos minutos de comenzada uno se da cuenta de que es el típico film que hace al deleite interpretativo de algunos psicólogos, sociólogos, psicoanalistas, filósofos, y otros “ólogos”: que el Neurótico Obsesivo esto y aquello, que la sociedad de consumo tal cosa, que el amor y el capitalismo tal otra… pero en síntesis, una película mala, sin trama, predecible por donde se la mire, sin sorpresas. Pero quería llegar con este rodeo a la cuetión que tal vez permita comparar este film con la novela de Mishima: me refiero al tema del vínculo incestuoso. En la película “Shame” el asunto es abordado con temor y patetismo, velando con tibias escenas de jueguitos perversos, violencia y promiscuidad lo que en realidad no se anima a decir respecto del vínculo verdadero entre la sexualidad, el erotismo y la muerte. Mishima en cambio lo logra con destreza, llevando la trama al punto de poder llegar  a plantear la delgada frontera entre lo repulsivo y lo fascinante, lo desasosegante y lo numinoso, lo horroroso y lo sagrado, sin necesidad de caer en lo obsceno –algo nada fácil de lograr- creando un  argumento con la astucia suficiente para que permita pensar  si acaso lo que se ubica en esa frontera se puede llamar “música”.
Se puede decir además que la novela de Mishima está presentada como “un caso clínico”, pero pensarla así sería caer en la trampa que con fina ironía propone el autor, ya que todos sus personajes y circunstancias están para justificar su idea final, osada y profunda, y que a diferencia del film en cuestión -en donde casi todas sus escenas sirven para justificar un personaje- puede lograr un abordaje original de un tema muy complejo.
Entre lo oído, lo visto y lo leído, “Música” intenta arrancar una original nota  desde la disonancia de la vida humana.

                                                                              Lionel Klimkiewicz