lunes, 31 de marzo de 2014

FREUD "DAS UNHEIMLICHE"-MANUSCRITO INÉDITO -NUEVO LIBRO




En el año 1920, con la aparición del texto “Más allá del Principio del Placer”, se inicia un camino conceptual en la obra de Freud que determinará un giro capital en la historia del psicoanálisis como praxis1. Giro determinado por el encuentro en la clínica con el inconsciente no reprimido y la Pulsión de Muerte.
En esa época Freud se encontraba con el obstáculo de cons­truir su teoría, sus conceptualizaciones, en torno de aquello que en la clínica se le presentaba como lo no simbolizado, lo no re­conocido, lo no ligado -todos nombres de lo Real que funda el discurso.
Así es como en 1919, cuando en Viena todavía se hacían sen­tir con fuerza las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, redacta un artículo para la revista “Imago” titulado “Das Un­heimliche” en donde adelanta algunas de las formulaciones que desarrollaría con mayor profundidad en el “Más allá…”, escrito en el que también estaba trabajando en ese momento. Según él mismo manifestaba en cartas de esa época, consideraba a su trabajo como pequeño y poco importante. Sin embargo, tal como suele ocurrir en estos casos, los efectos de una obra sobrepasan los cálculos de su autor, y así, a casi cien años de su publicación, “Das Unheimliche” se ha ganado un lugar de importancia dentro de la teoría psicoanalítica por ser un texto clave para abordar, por ejemplo, la cuestión de la angustia.
En el año 2012, llegó a mis manos, gracias a las gestiones del Dr. Juan Carlos Cosentino, una copia del ma­nuscrito de “Das Unheimliche” que se encuentra en la Biblioteca del Congreso de Washington.
El trabajo con el manuscrito posibilita el encuentro casi directo con la producción de Freud, es decir, sus formulaciones en esta­do naciente, incluidas sus vacilaciones -que se manifiestan en los agregados, tachaduras, equivocaciones- pero fundamentalmente con su estilo.
En esta oportunidad entonces, presen­tamos una nueva edición del ensayo de Freud con los tres capítu­los del texto y aquellos agregados que, según entendemos, corres­ponden al capítulo 1 y que hasta ahora no fueron publicados. Además, al ser una traducción directa del manuscrito, también se incluyen las palabras o frases tachadas o corregidas por Freud para poder transmitir al lector aquellos de­talles que, como manifesté anteriormente, dan cuenta del estado naciente de su producción. Para acercar con mayor profundidad el texto al lector se han agregado notas introductorias y comen­tarios en cada capítulo.
Dos anexos completan el libro. En el primero, el lector in­teresado en indagar sobre los antecedentes en la cultura y en la obra de Freud del tema de lo Unheimliche, como así también de su importancia en el psicoanálisis y en la estética, encontrará un pequeño estudio que, sin ser exhaustivo, tal vez le sirva co­mo punto de partida a investigaciones más detalladas. Se inclu­yen también dos textos citados por Freud, fundamentalmente aquel que contiene la ya famosa frase de Schelling “Se denomina -Unheimlich a todo lo que…”, y que el padre del psicoanálisis extrae del diccionario de Sanders.
En un segundo anexo presentamos por primera vez en castellano, la traducción del texto “Sobre la Psicología de lo Unhei­mlichen” de Ernst Jentsch, que entendemos es la referencia prin­cipal del texto freudiano y que por ese motivo se torna impres­cindible para su comprensión.

                                                              Lionel F. Klimkiewicz

miércoles, 5 de febrero de 2014

LA HISTORIA DEL LIBRO




Escribir una historia del libro es, de alguna manera, recorrer  la historia de la escritura y también, claro está, la historia del hombre. Entonces, en esa rica conjugación de caminos,  entre otras cosas podemos encontrar, por ejemplo, los vínculos entre los cuerpos tatuados de los antiguos indígenas, las fórmulas para preparar una buena tinta y la invención de la imprenta.
En “La historia del Libro”, escrito por M. Ilin y publicado por Leviatán hace ya varios años, además de estos entrecruzamientos, nos vamos a encontrar con un recorrido simple, ameno y plagado de detalles que nos acercan a cómo la escritura, a lo largo de los siglos, fue sirviéndose de diversos soportes que fueron cambiando según los avances científicos, culturales y tecnológicos.
En estas páginas el autor nos ofrece lindos ejemplos de esa rica historia: escribir sobre la piedra, por ejemplo, daba más tiempo de supervivencia a lo escrito y hacía que las letras fueran rígidas y derechas; el uso del papiro, en cambio, permitía que las letras fueran más redondeadas y que se pudiera escribir con tinta –que se hacía con una mezcla de hollín y agua- utilizando una especie de pluma hecha de juncos.
Pero uno de los modos más notables, por las resonancias que tiene en la actualidad, era escribir sobre tabletas. Así es como los libros, entonces, estaban compuestos por un número de pequeñas tabletas y cada una de ellas estaba vaciada en el medio para obtener un espacio rectangular que se llenaba de cera amarilla donde se escribía, y en sus dos esquinas tenían agujeros por los cuales se pasaban cordones que mantenían las tabletas formando un solo ejemplar. Por supuesto que en ellas no se escribía con tinta, sino que se usaban puntas de acero llamadas estiletes, que tenían un extremo puntiagudo con el que se escribía y el otro redondo, con el que se borraba. La frase “escribir con estilo” o hablar del “estilo de un autor” deriva del uso de este instrumento.
Historia del Libro” es un libro pequeño, muy entretenido, recomendable para cualquier amante de estos objetos que fueron y seguirán cambiando a lo largo de la historia y que nos hace pensar bastante sobre estas frecuentes disputas sobre si los libros -como objeto- sobrevivirán a las nuevas tecnologías.


                                                           Lionel F. Klimkiewicz

jueves, 21 de noviembre de 2013

ROMANTICISMO, de R. Safranski


            El Romanticismo alemán, que había comenzado con el lema “Sturm und Drang” (tormenta y empuje) estaba bañado del impulso y el temple que lleva la revolución al mundo del espíritu y la poesía, y estaba comandado en un principio por los hermanos Schlegel (uno de los cuales había traducido las obras de Shakespeare que Freud gustaba leer), Tieck, Fitche, Schelling, Jean Paul y Novalis, que, siguiendo los pasos del mítico viaje de Herder, se embarcaron en un mar de sueños, ideas y fantasías.
            El movimiento también abrazó, entre muchos otros, a Heine, Schleiermacher, Schiller, Wagner, Nietzsche, y tiene a uno de sus últimos referentes en E.T.A. Hoffmann. Como afirma R. Safranski en su libro ”Romanticismo: una odisea del espíritu alemán” el espíritu romántico es multiforme, musical, rico en prospecciones y tentaciones, ama la lejanía del futuro y la del pasado, las sorpresas de lo cotidiano, los extremos, lo inconsciente, el sueño, la locura, los laberintos de la reflexión. El espíritu romántico no se mantiene idéntico, más bien se transforma y es contradictorio, es añorante y cínico, alocado hasta lo incomprensible y popular, irónico y exaltado, enamorado de sí mismo y sociable.
            En este libro, Safranski nos introduce en este movimiento cultural de manera muy clara y comprensible, abordándolo desde múltiples aspectos: lo literario, lo religioso, lo político, la pintura y la música, siempre en torno al nacimiento de una nueva estética, que exaltaba las pasiones y proponía a “lo romántico” como una actitud del espíritu, actitud que, según el autor, perdura hasta nuestros días.
            El libro, además, nos sitúa en la subjetividad de una época, la que va del siglo XVIII al XIX, en donde los libros comienzan a tener un protagonismo enorme, y un nuevo Yo plagado de sentimientos, misterios, genio, mitología y filosofía, comienza a nacer. Un Yo romántico que, como decía Novalis, da alto sentido a lo ordinario, dignidad de desconocido a lo conocido y apariencia infinita a lo finito.
Por último, no falta en este recorrido las aristas de este movimiento que llegaron hasta nosotros, pasando por el nazismo y el Mayo del ´68, y que tienden a manifestarse cada vez que el mundo se presenta como extraño o nos encontramos ante lo diferente.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             Lionel F. Klimkiewicz
                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           



sábado, 7 de septiembre de 2013

ENTREVISTA A FREUD



Entrevista con Sigmund Freud concedida al periodista George Sylvester Viereck
Alpes Austríacos – 1926

EL VALOR DE LA VIDA



Entre las perlas encontradas en la biblioteca de la Sociedad de Sigmund Freud está esta entrevista, concedida al periodista americano George Sylvester Viereck en 1926. Probablemente haya sido publicada en la prensa americana de la época. Se la creía perdida, cuando el Boletín de Sigmund Freud Haus (Casa de Sigmund Freud) publicó una versión condensada en 1976. En realidad, el texto integral había sido publicado en el volumen  Psicoanálisis y la Fut[1], número especial del Journal of Psychology de Nueva York, en 1957. 

SF: Setenta años me enseñaron a aceptar la vida con serena humildad. (Quien habla es el Profesor Sigmund Freud, el gran explorador del alma. El escenario de nuestra conversación fue una casa de veraneo en Semmering, una montaña en los Alpes Austríacos. La última vez que había visto al padre del psicoanálisis había sido en su modesta casa en la capital austríaca. Los pocos años transcurridos entre mi última visita y la actual multiplicaron las arrugas en su frente e intensificaron su palidez de sabio. Su rostro estaba tenso, como si sintiese dolor. Su mente estaba alerta, su espíritu, firme, su cortesía, implacable como siempre, pero un ligero impedimento en el habla me perturbó. Aparentemente, debió ser operado a raíz de un tumor maligno en su maxilar superior. Desde entonces, Freud usa una prótesis, causa de una permanente irritación para él).

SF: Detesto mi maxilar mecánico porque la lucha con el aparato me consume una energía preciosa, pero lo prefiero a no tener maxilar; todavía prefiero la existencia a la extinción. Tal vez los dioses sean gentiles con nosotros, tornando la vida más desagradable a medida que envejecemos. Al final, la muerte nos parece menos intolerable que los fardos que cargamos. (Freud se niega a admitir que el destino le reserva algo especial). ¿Por qué (dice con calma) debería yo esperar un tratamiento especial? La vejez, con sus arrugas, llega para todos. Yo no me rebelo contra el orden universal. Finalmente, son más de setenta años. Tuve suficiente para comer. Aprecié muchas cosas: la compañía de mi mujer, de mis hijos, la puesta del sol, observé las plantas crecer en primavera, de vez en cuando tuve una mano amiga para estrechar, ocasionalmente encontré un ser humano que casi me comprendió. ¿Qué más puedo querer?

GSV: Ud. tuvo fama, su obra influyó en la literatura de cada país, el hombre ve la vida y se ve a sí mismo con otros ojos gracias a Ud. Y, recientemente, en su septuagésimo aniversario, el mundo se unió para homenajearlo, con excepción de su propia Universidad.

SF: Si la Universidad de Viena me demostrase su reconocimiento, yo me sentiría turbado. No hay razón para aceptarme a mí y a mi obra porque tengo setenta años. No atribuyo importancia a los decimales. La fama llega recién cuando morimos y, francamente, lo que viene después no me interesa, no aspiro a la gloria póstuma. Mi modestia no es una virtud.

GSV: ¿No significa nada el hecho de que su nombre va a vivir?

SF: Absolutamente nada, si es que va a vivir, lo cual no es seguro. Más bien estoy preocupado por el destino de mis hijos. Espero que sus vidas no sean difíciles. No puedo ayudarlos mucho, la guerra prácticamente liquidó mis posesiones, lo que había logrado durante toda mi vida. Pero me puedo dar por satisfecho; el trabajo es mi fortuna.
(Estábamos subiendo y descendiendo una pequeña senda en el jardín de su casa. Freud acarició tiernamente un arbusto que florecía)

SF: Estoy mucho más interesado en este brote que en lo que pueda suceder conmigo después de muerto.

GSV: ¿Entonces, finalmente, Ud. es un profundo pesimista?

SF: No, no lo soy. No permito que ninguna reflexión filosófica malogre mi afición por las cosas simples de la vida.

GSV: ¿Cree en la subsistencia de la vida después de la muerte, de la forma que fuere?

SF: No pienso nada de eso. Todo lo que vive perece. ¿Por qué debería el hombre ser una excepción?

GSV: ¿Le gustaría retornar de algún modo, ser rescatado del polvo? En otras palabras, ¿tiene deseos de inmortalidad?

SF: Sinceramente no. Si reconozco los motivos egoístas tras la conducta humana, no tengo el mínimo deseo de volver a la vida; moviéndose en círculo, sería la misma. Además, aun si el eterno retorno de las cosas, para usar una expresión de Nietzsche, nos dotase nuevamente de nuestro envoltorio carnal, ¿para qué serviría sin memoria? No habría conexión entre el pasado y el futuro. Por lo que me toca, estoy perfectamente satisfecho sabiendo que el eterno aborrecimiento de vivir finalmente cesará. Nuestra vida es necesariamente una serie de compromisos, una lucha interminable entre el yo y su medio. El deseo de prolongar la vida excesivamente me parece absurdo.

GSV: Bernard Shaw sostiene que vivimos demasiado poco; cree que el hombre podría prolongar la vida si así lo deseara, elevando su voluntad por sobre las fuerzas de la evolución, cree que la humanidad puede recuperar la longevidad de los patriarcas.

SF: Es posible que la muerte en sí no sea una necesidad biológica. Tal vez morimos porque deseamos morir. Así como el amor y el odio por una persona habitan en nuestro corazón al mismo tiempo, así también toda la vida conjuga el deseo de permanecer y el deseo de la propia destrucción. Del mismo modo que un elástico estirado tiende a asumir su forma original, toda la materia viva, consciente o inconscientemente, busca volver a la completa, absoluta inercia de la existencia inorgánica. El impulso de la vida y el impulso de la muerte habitan lado a lado dentro nuestro. La muerte es la compañera del amor; juntos, ellos rigen el mundo. Es lo que dice mi libro, “Más Allá del Principio del Placer”. En sus comienzos, el psicoanálisis supuso que el amor era lo fundamental; ahora sabemos que la muerte es igualmente importante. Biológicamente, todo ser vivo, no importa cuán intensamente la vida queme dentro de él, ansía llegar al Nirvana, al cese de esa fiebre llamada vivir, ansía el (seno de Abraao). El deseo puede ser encubierto mediante digresiones. No obstante, el objetivo último de la vida es su propia extinción.

GSV: Esa es la filosofía de la autodestrucción. Ella justifica el autoexterminio; llevaría lógicamente al suicidio universal imaginado por Eduard Von Hartmann.

SF: La humanidad no elige el suicidio porque una ley de su ser desaprueba la vía directa para su fin; una vida tiene que completar su ciclo de existencia. En todo ser normal, la pulsión de vida es lo suficientemente fuerte como para contrabalancear la pulsión de muerte, que, sin embargo, al final, resulta más poderosa. Podemos tener la fantasía de que la muerte nos llega por nuestra propia voluntad. Sería posible que pudiésemos vencer a la muerte, si no fuese por su aliado dentro nuestro. En este sentido (agregó Freud con una sonrisa), estaría justificado decir que toda muerte es un suicidio disfrazado.

(Estaba haciendo frío en el jardín. Continuamos la conversación en el consultorio. Vi una pila de manuscritos sobre la mesa, con una caligrafía clara de Freud).

GSV: ¿En qué está trabajando?

SF: Estoy escribiendo una defensa del análisis lego, del psicoanálisis practicado por legos. Los médicos quieren declarar ilegal el análisis conducido por quienes no sean médicos. La historia, esa vieja plagiadora, se repite con cada descubrimiento. Los médicos combaten cada nueva verdad que comienza; después procuran monopolizarla.

GSV: ¿Tuvo mucho apoyo de los legos?

SF: Algunos de mis mejores discípulos son legos.

GSV: ¿Está practicando mucho psicoanálisis?

SF: En este momento estoy trabajando en un caso muy difícil, tratando de desanudar los conflictos psíquicos de un nuevo paciente muy interesante. Mi hija también es psicoanalista, como Ud. ve...
(En ese momento aparece Anna Freud acompañada de su paciente, un niño de once años, de facciones inconfundiblemente anglosajonas).

GSV: ¿Ya se analizó a Ud. mismo?

SF: Ciertamente. El psicoanalista debe analizarse a sí mismo constantemente. Analizándonos, estamos más capacitados para analizar a los otros. El psicoanalista es como el chivo expiatorio de los hebreos. Los otros descargan sus pecados sobre él. El debe practicar su arte a la perfección para deshacerse del peso que se carga sobre él.

GSV: Mi impresión es que el psicoanálisis despierta en todos los que lo practican el espíritu de la caridad cristiana. Nada existe en la vida que el psicoanálisis no pueda hacernos comprender, “Tout comprec est tout pardonner” (Comprender es perdonar)

SF: Por el contrario (Freud se enoja; sus facciones asumen la severidad de un profeta hebreo), comprender todo no es perdonar todo. El análisis nos enseña no sólo lo que podemos soportar, sino también lo que podemos evitar. Nos dice lo que debe ser eliminado. La tolerancia con el mal no es en modo alguno un corolario del conocimiento.
(Súbitamente comprendí por qué Freud se había enfrentado con los seguidores que lo habían abandonado; él no perdona su desviación del camino recto de la ortodoxia psicoanalítica.  Su sentido de lo que es justo es herencia de sus ancestros; una herencia de la que se enorgullece, como se enorgullece de su raza). Mi lengua es el alemán; mi cultura, mi realización es alemana. Yo me consideraba un intelectual alemán, hasta que percibí el crecimiento del prejuicio antisemita en Alemania y Austria. Desde entonces, prefiero considerarme judío.

(Esta observación me desconcertó. Me parecía que el espíritu de Freud debía habitar en las alturas, más allá de cualquier preconcepto sobre las razas, que debía ser inmune a cualquier rencor personal. Sin embargo, precisamente, su indignación, su honesta ira, lo volvía más atrayente como ser humano. Aquiles sería intolerable si no fuese por su talón!)

GSV: Estoy contento, Señor Profesor, de que también Ud. tenga sus complejos, de que demuestre que también es un mortal!!

SF: Nuestros complejos son la fuente de nuestra franqueza pero, con frecuencia, también son la fuente de nuestra fuerza.

GSV: Imagino cuáles serían mis complejos!

SF: Un análisis serio dura por lo menos un año, e incluso dos o tres años. Ud. está dedicando muchos años de su vida a la “caza de leones”. Siempre buscó a las personas de su generación que se destacan: Roosevelt, el Emperador, Hindenburg, Briand, Foch, Joffre, George Bernard Shaw...

GSV: Es parte de mi trabajo.

SF: Pero es también su preferencia. El gran hombre es un símbolo. Su búsqueda es la búsqueda de su corazón. Ud. está buscando al gran hombre para tomar el lugar de su padre. Es parte de su “complejo paterno”.

(Negué vehementemente la afirmación de Freud. Sin embargo, reflexionando, me parece que puede haber una verdad en ella, aunque insospechada por mí. Pudo ser el mismo impulso que me llevó a él. Después de un momento, pensé que me gustaría quedarme allí lo bastante como para vislumbrar mi corazón a través de sus ojos. Tal vez, como Medusa, muriese de horror al ver mi propia imagen! Sin embargo, tengo temor de saber mucho sobre psicoanálisis. Frecuentemente yo anticiparía, o intentaría anticipar sus intenciones).

SF: La inteligencia de un paciente no es un obstáculo. Por el contrario, a veces facilita el trabajo.

(En este punto el maestro del psicoanálisis difiere de muchos de sus seguidores, a quienes no les agrada la excesiva seguridad del paciente respecto de su escrutinio).

GSV: A veces pienso si no seríamos más felices sabiendo menos acerca de los procesos que dan forma a nuestros pensamientos y emociones. El psicoanálisis roba a la vida su último encanto, al relacionar cada sentimiento con su grupo original de complejos. No nos volvemos más alegres descubriendo que todos nosotros abrigamos un criminal y un animal.

SF: ¿Qué objeción puede haber en contra de los animales? Yo prefiero la compañía de los animales a la compañía humana.

GSV: ¿Por qué?

SF: Porque son tanto más simples. No sufren una personalidad dividida, la desintegración del yo que resulta del intento del hombre de adaptarse a los patrones de la civilización, demasiado elevados para su mecanismo intelectual y psíquico. El salvaje, como el animal, es cruel, pero no tiene la maldad del hombre civilizado. La maldad es la venganza del hombre contra la sociedad, por las restricciones que ella le impone. Los rasgos más desagradables del hombre son generados por esa adaptación precaria a una civilización complicada. Es el resultado del conflicto entre nuestros instintos y nuestra cultura. Mucho más desagradables son las emociones simples y directas de un perro al mover la cola o al ladrar expresando su displacer. Las emociones del perro (agregó Freud pensativamente) nos recuerdan a los héroes de la Antigüedad. Tal vez sea esa la razón por la que inconscientemente ponemos a nuestros perros nombres de héroes antiguos, como Aquiles o Héctor.

GSV: Mi cachorro es un doberman Pinscher llamado Ayax.

SF: (sonriendo) Me pone contento que no pueda leer. Seguramente sería un miembro menos querido de la casa si pudiese ladrar su opinión sobre los traumas psíquicos y sobre el Complejo de Edipo!

GSV: Igualmente, Ud., Profesor, imagina una existencia por demás compleja. Sin embargo, me parece que Ud. es en parte responsable de las complejidades de la civilización moderna. Antes de que inventase el psicoanálisis, no sabíamos que nuestra personalidad está dominada por un ejército beligerante de complejos muy cuestionables. El psicoanálisis hace que la vida se vuelva un rompecabezas complicado.

SF: De ninguna manera. El psicoanálisis torna la vida más simple, adquirimos una nueva síntesis después del análisis. El psicoanálisis reordena una maraña de impulsos dispersos, procura enrollarlos en su carretel. O, modificando una metáfora, provee el hilo que conduce a la persona fuera del laberinto de su inconsciente.

GSV: Al menos superficialmente, sin embargo, la vida humana nunca fue más compleja. Y cada día alguna nueva idea propuesta por Ud. o por sus discípulos torna el problema de la conducta humana más intrigante y más contradictorio.

SF: El psicoanálisis, por lo menos, jamás cierra la puerta a una nueva verdad.

GSV: Algunos de sus discípulos, más ortodoxos que Ud., se apegan a cada pronunciamiento que sale de su boca.

SF: La vida cambia; el psicoanálisis también cambia. Estamos apenas en los comienzos de una nueva ciencia.

GSV: La estructura científica que Ud. construyó me parece muy elaborada. Sus fundamentos –la teoría de la “escisión”, de la “sexualidad infantil”, del “simbolismo de los sueños”, etc.- parecen permanentes.

SF: Repito que estamos en los inicios. Apenas soy un iniciador. Conseguí desenterrar monumentos enterrados en los sustratos de la mente. Pero allí donde yo descubrí algunos templos, otros podrán descubrir continentes.

GSV: ¿Aún pone el énfasis especialmente en el sexo?

SF: Respondo con las palabras de su propio poeta, Walt Withman: “Sin embargo, todo faltaría si faltase el sexo” (“Yet all were lacking, if sex were lacking”). Sin embargo, ya le expliqué que ahora coloco un énfasis casi igual en aquello que está “más allá” del placer – la muerte, una negociación de la vida-. Este aniquilamiento! El explica por que los poetas agradecen a:
Whatever gods there be,
That no life lives forever
And even the weariest river
Winds somewhere safe to sea.
(“Cualesquiera sean los dioses que existan / que ninguna vida viva para siempre / Y aun el río más exhausto / Desemboque en el apacible mar”).

GSV: Shaw, como Ud., no desea vivir para siempre, pero a diferencia de Ud., no considera al sexo interesante.

SF: (sonriendo) Shaw no comprende el sexo. No tiene la más remota concepción acerca del amor. No hay un verdadero caso amoroso en ninguna de sus obras. Convierte en un juego el amor de Julio César, tal vez la mayor pasión de la historia. Deliberadamente, tal vez maliciosamente, él despojó a Cleopatra de toda grandeza, reduciéndola a una insignificante mujer. La extraña actitud de Shaw ante el amor, de su negación del móvil de todas las cosas humanas, que elimina de sus obras la apelación a lo universal, a pesar de su enorme alcance intelectual, es inherente a su psicología. En uno de sus prefacios, él mismo enfatiza el trazo ascético de su temperamento. Yo puedo estar equivocado en muchas cosas, pero estoy seguro de no haberme equivocado al enfatizar la importancia del instinto sexual. Por ser tan fuerte, éste choca siempre con las convenciones y salvaguardas de la civilización. La humanidad, en una especie de autodefensa, procura negar su importancia. Si Ud. escarba un poco en un ruso, dice el proverbio, aparece un tártaro debajo de su piel. Analice cualquier emoción humana; no importa cuán distante esté de la esfera de la sexualidad, y seguramente encontrará ese impulso sexual primordial, al cual la propia vida debe la perpetuación.

GSV: Sin duda Ud. ha transmitido bien ese punto de vista a los escritores modernos. El psicoanálisis dio una nueva intensidad a la literatura.

SF: También recibí mucho de la literatura y de la filosofía. Nietzsche fue uno de los primeros psicoanalistas. Es sorprendente hasta qué punto su intuición preanuncia los nuevos descubrimientos. Nadie se había percatado tan profundamente de los motivos dualistas de la conducta humana y de la insistencia del principio del placer en predominar indefinidamente. Zaratustra dice: “El dolor grita: vamos! Pero el placer quiere la eternidad Pura, la profunda eternidad”. El psicoanálisis puede ser menos ampliamente discutido en Austria y en Alemania que en los Estados Unidos; sin embargo, su influencia en la literatura es inmensa. Thomas Mann y Hugo von Hofmannsthak nos deben mucho a nosotros. Schnitzler recorre una vía que es, en gran medida, paralela a mis propios desarrollos. El expresa poéticamente lo que yo trato de comunicar científicamente. Pero el Dr. Schnitzler no es sólo un poeta, también es un científico.

GSV: Ud. no es sólo un científico sino también un poeta. La literatura americana está impregnada de psicoanálisis. Hupert Hughes Harvey O’Higgins y otros actúan como sus intérpretes. Es casi imposible leer una nueva novela romántica sin encontrar una referencia al psicoanálisis. Entre los dramaturgos, Eugene O’Neill y Sydney Howard tienen una profunda deuda para con Ud. The Silver Cord, por ejemplo, es simplemente una dramatización del complejo de Edipo.

SF: Yo sé y agradezco el cumplido que encierra esa afirmación, pero tengo mis reservas respecto de mi popularidad en los Estados Unidos. El interés americano por el psicoanálisis no es profundo. La popularidad lleva a la aceptación superficial, sin estudio serio. Las personas tan solo repiten las frases que aprenden en el teatro o en los libros; piensan que comprenden algo de psicoanálisis porque juegan con su jerga! Yo prefiero una ocupación intensa en el psicoanálisis, como ocurre en los centros europeos. América fue el primer país en reconocerme oficialmente. La Clark University me otorgó un diploma honorario cuando en Europa todavía era ignorado. Sin embargo, América hizo pocas contribuciones originales al psicoanálisis. Los americanos son opinadores inteligentes; raramente pensadores creativos. Los médicos en Estados Unidos, y ocasionalmente también en Europa,  procuran monopolizar para sí el psicoanálisis. Pero sería un peligro que el psicoanálisis quedase exclusivamente en manos de los médicos, con una formación estrictamente médica y, con frecuencia, sería un obstáculo para el psicoanalista. Es siempre un obstáculo que ciertas concepciones científicas tradicionales permanezcan arraigadas en el cerebro estudioso.

(Freud tiene que decir la verdad a cualquier precio! No puede obligarse a sí mismo a que le agrade América, donde está la mayoría de sus admiradores. A pesar de su intransigente integridad, Freud es la urbanidad en persona. Escucha pacientemente cada intervención, evitando siempre intimidar a su entrevistador. Es raro el visitante que deja su presencia sin algún presente, alguna señal de hospitalidad! Había oscurecido, era tiempo de tomar el tren de regreso a la ciudad que una vez albergara el esplendor imperial de los Hasburgos. Acompañado de su esposa y de su hija, Freud descendió los peldaños que conducían de su refugio en la montaña a la ruta, para verme partir. Me pareció cansado y triste al despedirse).

SF: No me haga parecer un pesimista (dice esto después de estrecharme la mano). No tengo desprecio por el mundo. Expresar desdén por el mundo es apenas otra forma de cortejarlo, de ganar audiencia y aplausos. No, no soy un pesimista; tengo mis hijos, mi mujer y mis flores! No soy infeliz, al menos más infeliz que otros.

(El silbato de mi tren sonó en la noche. El automóvil me conducía rápidamente a la estación. Poco a poco, la silueta ligeramente encorvada y la cabeza cana de Sigmund Freud desaparecían a la distancia).




























[1] Fut: (alemán) energía

sábado, 27 de julio de 2013

FRANCOIS CHENG Y LA BELLEZA


 

 

                                                     
Meditar sobre la belleza es una tarea que implica, según explica Francois Cheng, lo que podríamos denominar una actitud y posición subjetiva especial, basada en ahondar en la capacidad para la receptividad y en el recogimiento. Esto es lo que permitirá establecer las condiciones de lo que, en su libro “Cinco meditaciones sobre la belleza”, Cheng llama una “vida abierta”, para impedir que  un sujeto se encierre en un narcisismo mortífero que solo quiere la exclusión de lo diferente por resultarle peligroso para sí mismo.
Para este poeta chino, con el cual J. Lacan mantuvo varios encuentros de trabajo sobre poesía oriental, la belleza tiene tres aristas que la caracterizan: a) es un advenimiento, una epifanía, un “aparecer ahí”. b) es un entrecruzamiento entre elementos que la componen, como aquella que se produce durante el atardecer entre la luz del sol y el resplandecer de ella en los árboles, las flores, los muros, etc. c) de ese encuentro nace una revelación. En consecuencia, la experiencia artística debe mantener dos designios: tiene que expresar, por un lado, la parte violenta y sufriente de la vida, junto con todas las perversiones que ella engendra, y por otro, debe continuar revelando lo que el universo expresa en forma de belleza. En ese camino se deben derribar las barreras de la costumbre para lograr una nueva manera de vivir y percibir. Esto es posible solo si se concibe a la belleza, no como un dato, sino como un Don.

Este hermoso libro de Francois Cheng explora durante cinco meditaciones el entrecruzamiento entre la estética occidental y oriental de un modo muy personal, logrando transmitir –siendo muy consecuente con su trabajo- su propia experiencia con la belleza.

                                                     Lionel F. Klimkiewicz

domingo, 14 de julio de 2013

SOUNDS FOR THE CITY






Durante un periplo en Estocolmo, el músico colombiano Sergio Castrillón (violoncellista y compositor) 
emprendió la búsqueda de lugares no convencionales para convertirlos en dignos escenarios de música actual. 

Es así, como en el verano de 2012 se encontró con la directora de cine sueca Stina Lundkvist y juntos realizaron 
el documental llamado Sounds for the city (Otro sonido para la ciudad). 

Dicho documental muestra un panorama que abarca desde una problemática en la escucha de 
la música contemporánea académica hasta el encuentro con músicos locales. 

Finalmente el documental nos enseña como la calle y otros lugares diferentes a los normalmente usados para 
conciertos se convierten en escenarios perfectos donde convergen varios estilos musicales y personalidades.

Este documental fue estrenado el pasado 10 de Julio en House of Radon, Estocolmo, Suecia.
Y fue seleccionado dentro del marco del Cinemaissi - festival latinoamericano de cine de Helsinki, Finlandia, 
el cual se realizará en el mes de Octubre de 201



El documental esta disponible en 

http://vimeo.com/stinalu/soundsforthecity


Disfrútenlo!