jueves, 21 de marzo de 2013

LA ESTÉTICA DE SCHLEIERMACHER




                                         

Uno de los tantos datos curiosos que contiene el texto Das Unheimliche de Sigmund Freud, es aquel donde el inventor del psicoanálisis escribe el nombre de Schleiermacher en lugar del de Schelling al parafrasear su definición de Lo Siniestro. Confusión, equivocación, acto fallido… quién sabe? Por lo pronto ese hecho nos da una buena excusa para acercarnos a la obra de este no tan conocido protagonista del texto de Freud.
Friedrich Daniel Ernst Schleiermacher nació en 1768 en Silesia (la actual Polonia), fue teólogo, filósofo, traductor y es considerado el padre de la hermenéutica. Impartió lecciones de estética de las cuales se publicaron, luego de su fallecimiento, las notas que utilizaba y que corresponden a los cursos dictados entre 1819 y 1825 en la Universidad de Berlín.  En estas notas, que llegan a nuestros días en forma de libro, encontramos ideas realmente interesantes sobre teoría del arte.
De esta obra -en la cual parte aclarando que el objeto principal de su investigación es el significado ético del impulso artístico, entendiendo a la estética como una teoría de la sensación contrapuesta a la Lógica- me interesa compartir dos ideas. La primera consiste en plantear que la actividad artística se basa en tres momentos diferentes: la excitación (energía, inspiración original), la invención (o formación arquetípica) y la ejecución (o habilidad orgánica). En el interjuego de estos tres elementos se encuentra la “imagen completa del mundo del arte”, mundo en el cual si predominan los dos primeros tenemos la llamada “genialidad” y si predomina el última, el “virtuosismo”. Pero la idea se pone más interesante cuando falta alguna de ellos. Por ejemplo, si falta la excitación, el proceso no podría comenzar, pero si solo encontramos este elemento nos queda meramente la posibilidad transformar esa fuerza  en un deseo que posibilite solamente ser receptores del arte, sin capacidad de producción; si falta la invención, las otras dos producen, sin duda, algo carente de arte, o no habría lugar más que para la imitación o el plagio; si faltara la habilidad orgánica, solo predominaría la inspiración, ya que la invención no podría asimilarse a la ejecución. Sería tal vez un buen ejercicio que cada uno pueda poner a prueba esta teoría pensando en un ejemplo cercano a su propia cultura, sabiendo que en nuestros días el calificativo de “artista” se utiliza sin demasiada rigurosidad.
La segunda idea se desprende entonces de la primera: el Arte es la identidad de la inspiración –por medio de la cual la expresión surge de la excitación interna- y de la reflexión -por medio de la cual la expresión surge del “arquetipo”. Por el otro lado, lo carente de arte es la inmediata identidad de la excitación y la expresión, que se unen por un vínculo inconsciente.
Pivoteando entre el clasicismo y el romanticismo, para Schleiermacher –cuyo nombre significa “fabricante de velos”- el arte debe purificar las pasiones, ya que hace “que llegue correctamente la plenitud de la moderación a ser intuición”.

                                                                                              Lionel F. Klimkiewicz

martes, 19 de febrero de 2013

UNA IMAGEN



No es verdad que una imagen valga más de mil palabras. Menos aún cuando se trata de las palabras de un gran escritor como Henry James. En su libro “La humillación de los Northmore” publicado por Emecé –que dicho sea de paso, tiene un prólogo de Borges-  hablando sobre una pérdida, nos regala la siguiente imagen:

“Durante los primeros seis meses se preguntó qué era lo que ella misma podía hacer, y tuvo gran parte del tiempo la sensación de que caminaba al lado de un río de rápida corriente sobre el cual se alejaba flotando un objeto querido. Todo su instinto la empujaba a no dejarlo escapar, a no perderlo de vista, a apresurarse por la orilla y adelantarse a algún punto desde el cual pudiera extender el brazo y apresarlo, y salvarlo. ¡Ah!, sólo seguía flotando; lo mantenía a la vista, porque el río era largo, pero no descubría ningún punto adecuado para el rescate. Corrió, vigiló, vivió con su enorme miedo; y todo el tiempo, a medida que disminuía la distancia al mar, la correntada aumentaba perceptiblemente.”

                                                                       Lionel F. Klimkiewicz

miércoles, 30 de enero de 2013

MÚSICA



Hace unos meses, buscando un libro por internet, me topé con una novela de Mishima llamada “Música”. Como no la conocía, al instante decidí comprarla, ya que pensé que un libro dedicado a la música escrito por él merecía ser leído. Semanas después, cuando el ejemplar cayó en mis manos, la sorpresa fue mayor, ya que al abrirlo me encontré con un inesperado subtítulo que decía: “una interpretación psicoanalítica de un caso de frigidez femenina”. Se instaló entonces en mí la cuota necesaria de incertidumbre requerida para comenzar a leerlo, y lo hice sin perder tiempo.
A las pocas páginas me dí cuenta que continuar requería sacarse esos tontos prejuicios que todos llevamos dentro: Imagínense…el protagonista es un psicoanalista de los que comúnmente se conocen en la jerga “psi” como postfreudianos, seguidor además del Daseinanalyse, que no duda en citar a Freud, a Stekel y a Rogers y y que encima de todo…es japonés, con todo su bagaje cultural de sincretismo religioso a cuestas. Vale como ejemplo, la primera visita que le realiza Reiko, la que será la otra protagonista de la novela. Ella consulta porque, según dice, “no puede escuchar la música”, ante lo cual el dr. Shiomi no duda en prender una radio para comprobar si era cierto…
Pero en realidad, esta escena casi grotesca da pié al inicio de una historia llena de ironía e inteligencia, cuya trama se va armando tan bien que no se ve apañada por el “caso clínico” implícito en ella, ya que está construida por diversas escenas que van armando un argumento en donde la sexualidad, la vida, la muerte y lo femenino se conjugan con sutileza, hasta llevar a la novela a su punto máximo, que se produce cuando… esperen un segundo… creo que para explicar lo que quiero decir debo dar un rodeo. Es que en esos días, por diversas recomendaciones y comentarios (casi todas venidas del “ambiente psi”, justamente) me dispuse a ver la película “Shame”, la que a los pocos minutos de comenzada uno se da cuenta de que es el típico film que hace al deleite interpretativo de algunos psicólogos, sociólogos, psicoanalistas, filósofos, y otros “ólogos”: que el Neurótico Obsesivo esto y aquello, que la sociedad de consumo tal cosa, que el amor y el capitalismo tal otra… pero en síntesis, una película mala, sin trama, predecible por donde se la mire, sin sorpresas. Pero quería llegar con este rodeo a la cuetión que tal vez permita comparar este film con la novela de Mishima: me refiero al tema del vínculo incestuoso. En la película “Shame” el asunto es abordado con temor y patetismo, velando con tibias escenas de jueguitos perversos, violencia y promiscuidad lo que en realidad no se anima a decir respecto del vínculo verdadero entre la sexualidad, el erotismo y la muerte. Mishima en cambio lo logra con destreza, llevando la trama al punto de poder llegar  a plantear la delgada frontera entre lo repulsivo y lo fascinante, lo desasosegante y lo numinoso, lo horroroso y lo sagrado, sin necesidad de caer en lo obsceno –algo nada fácil de lograr- creando un  argumento con la astucia suficiente para que permita pensar  si acaso lo que se ubica en esa frontera se puede llamar “música”.
Se puede decir además que la novela de Mishima está presentada como “un caso clínico”, pero pensarla así sería caer en la trampa que con fina ironía propone el autor, ya que todos sus personajes y circunstancias están para justificar su idea final, osada y profunda, y que a diferencia del film en cuestión -en donde casi todas sus escenas sirven para justificar un personaje- puede lograr un abordaje original de un tema muy complejo.
Entre lo oído, lo visto y lo leído, “Música” intenta arrancar una original nota  desde la disonancia de la vida humana.

                                                                              Lionel Klimkiewicz

sábado, 1 de diciembre de 2012

REPETICIÓN Y PSICOSIS







“A muchos llevó a la muerte el que, cambiando frecuentemente de propósito, volvían siempre a lo mismo y no dejaban lugar a la novedad. Comenzó a fastidiarles la vida y el mismo mundo y les salió aquello de los cansados de las delicias: “¿Hasta cuando las mismas cosas?”
Séneca. De la tranquilidad del ánimo.


Una llave es algo que abre, y que para abrir, funciona. Me propuse pensar para este trabajo un acercamiento conceptual al estatuto de la Repetición en la psicosis y su necesariedad para comprender el funcionamiento de  dicha estructura y además interrogar ciertos fenómenos y obstáculos clínicos.
Me gustaría comenzar haciendo una aclaración. Lo que desarrollaré en este trabajo parte de preguntas y obstáculos que se me presentaron en la clínica, pero siempre lo haré con el cuidado de no hacer un universal de las conclusiones que, entonces, se puedan sacar. Ya Freud en su “Esquema del psicoanálisis” decía que “el problema de las psicosis sería sencillo y transparente si el desasimiento del Yo respecto de la realidad objetiva pudiera consumarse sin dejar rastros”, lo que sería lo mismo que decir, a partir de Lacan, que el sujeto psicótico, por estar fuera de discurso, no hace ningún tipo de vinculo social, o más aun que podríamos abordar un concepto, un fenómeno, etc. sin pensar la coexistencia de los tres registros. Por otro lado, no todos los pacientes, sabemos, son como Schreber y Joyce, y además, ¿qué paradoja, no? Los dos grandes casos de psicosis de la historia del psicoanálisis, dos grandes llaves que permitieron repensar innumerables problemas teóricos y clínicos, refieren a dos personas que no atravesaron un dispositivo analítico.
Hecha la aclaración, continúo.
La Repetición no es solo repetición de los signos, reformula Lacan en su Seminario XI, dando paso al par conceptual Automatón y Tické que ya conocemos.
La primera cuestión al respecto con la que nos encontramos en la obra de Lacan,  para pensar el estatuto de la Repetición en la Psicosis es justamente una referencia del Seminario III que muestra a  las claras que dichos conceptos ya comenzaban a ser pensados juntos desde esa época.
Dice Lacan: “Es, no obstante, el termino mas preciso en la teoría de Clerambault, si piensan en la distinción, hoy completamente olvidada, que hace Aristóteles entre automatón y la fortuna. Si vamos directo al significante, es decir, en esta ocasión, con todas las reservas que entraña una referencia como esta, a la etimología, vemos que el automatón es lo que piensa verdaderamente por si mismo, sin vinculo con ese más allá, el ego, que da su sujeto al pensamiento. Si el lenguaje habla por si solo, aquí o nunca tenemos que utilizar el termino de automatismo” (p. 438)
De más está decir que en ese momento Lacan estaba haciendo referencia al concepto de Automatismo mental  que fue para él una llave que le posibilito dar cuenta del funcionamiento de la estructura. ¿Por qué? Porque según él mismo dice, “la llave es la forma de acuerdo con la cual opera o no la función significante”.
Sabemos que la función significante no es la misma según haya o no punto de almohadillado, ya que entonces sus tres tiempos de constitución no pueden completarse y el UNO de la repetición no subsume el conjunto vacío que es el sujeto. Es el efecto de vaciamiento de lo simbólico que falta en la esquizofrenia, por ejemplo, y que llevará a Lacan a decir que en ella todo lo Simbólico es Real.  Es decir que si no se produce dicho efecto, el elemento tiene como referencia el ser de goce.
Al decir esto también hacemos referencia al estatuto de la Demanda en la fórmula de la Pulsión (s^D) en donde además de producirse una deslocalización de goce, no funciona el losange, con el cual nombramos una distancia necesaria sobre esa Demanda que llega a tornarse mortífera ya que mas que nunca el elemento que la compone es imperativo e injuriante.
Por otro lado, la Repetición responde a 3 tiempos que podemos resumir del siguiente modo:
El 1° tiempo, el del encuentro con la experiencia de goce.
El  2° tiempo, de reiteración del rasgo, en donde hay una intervención de la diferencia que introduce la pérdida.
El 3° tiempo, en donde se repite la pérdida y se introduce la imposibilidad de recuperar el goce que vació el rasgo. Marca sobre la huella borrada, nacimiento del significante.
“Un significante es una marca, una huella, una escritura, pero no se lo puede leer solo. Tres significantes es el retorno de lo que se trata, e decir del primero” nos dice Lacan en el Seminario IX.
Por esta razón, cuando un elemento retorna en lo Real, en la alucinación por ejemplo, nos encontramos con una “conexión directa de la palabra y el goce”( o  a la cosa), que nos indica una falla en el camino de la simbolización que impide que el sujeto sea representado por un significante en una cadena discursiva: partitura imposible al solo poder escribirse en su pentagrama el ruido de rotas cadenas.
Pero sabemos que no en todos los psicóticos se presenta este fenómeno del significante en lo Real, o dicho de otra manera, no todos los psicóticos alucinan.
Es decir que tenemos que interrogar la llave pero también la cerradura.

Podemos entonces permitirnos dar un rodeo y abordar este estatuto de la Repetición desde otro ángulo.
Sabemos que la falta del NP como solución al problema de la Castración, implica que el sujeto psicótico esté más propenso al encuentro con lo Real que el neurótico, ya que a ese encuentro el sujeto no puede responder con el fantasma. Podríamos ubicar entonces diferentes formas de tratamiento de esa angustia: el delirio, el pasaje al acto, el evitamiento, la escritura, la creación, etc.
Me gustaría detenerme en dos de ellas por ser tal vez las que más frecuentemente se encuentran en la clínica.
Por un lado el delirio, que es, como ya decía Freud, un intento de curación debido a que es una tentativa de significantizacion del goce deslocalizado y que pretende dar sentido a una significación enigmática, que suele sumir al sujeto en un estado de perplejidad. El delirio, como ya lo indicaba la psiquiatría del siglo XIX, tiene diferentes etapas o fases que marcan, como bien dice J.C.Maleval, diferentes modos “de la relación del sujeto con el goce”.
Aquí entonces nos podemos remitir a otra indicación de Lacan en el Seminario III:
“El fenómeno persecutorio adquiere el carácter de signos indefinidamente repetidos, y el perseguidor, en la medida que es su sostén, no es mas que la sombra del objeto persecutorio”
Indefinidamente repetidos…en una metonimia sin fin, podemos agregar, que intenta introducir algún sentido y mantiene al sujeto (paranoico) en el registro de la alienación significante; hablamos de un intento de ligar al sujeto a una cadena significante (un excelente ejemplo de esto es lo que desarrolla Víctor Tausk en su trabajo “de la génesis de la máquina de influencia en la esquizofrenia”) Demás está  recordar lo dificultoso que es en el trabajo analítico lograr que eso se acote (si se requiere hacerlo, por supuesto). Aquí es donde la medicación muchas veces suele tener grandes efectos.
En un extremo del delirio nos podemos encontrar con la “desconfianza” en tanto síntoma primario de la paranoia, como decía Freud, en donde a veces simples gestos de un a´ pasan a convertirse en signos o fenómenos de franja que provocan una defensa y ejemplifican ese nudo de trébol que Lacan utiliza para mostrar la continuidad de las dimensiones Imaginaria, Simbólica y Real. . Un paciente me decía, hablando de su desconfianza, lo que para él era una pseudoburla “cuando alguien me dice algo, lo miro, y por sus gestos me doy cuenta si se burla o no, y no me equivoco. Entonces, lo agredo.”
En el otro extremo, la posibilidad de producir una metáfora delirante sería índice de que el elemento de la Repetición no esta desanudado. Punto en que se posibilita, por un lado, conferir una significación a la falta en el A (o al ser viviente del sujeto) y por otro una introducción al lazo social.
La otra forma de tratamiento de la angustia a la que quería referirme era, a la que C. Soler llama “evitamiento”, que son “todas las maneras que un sujeto puede encontrar para evitar la coyuntura angustiante”. Podríamos agregar, ¿por qué no? “evitamiento del encuentro”. Tal vez sea esta la defensa más usual con la que nos podemos encontrar. Es la que encontramos en forma extrema en muchos pacientes de larga internación para quienes lo asilar juega un papel importante, o sujetos que viven con sus familias encerrados en sus casa, y muchas variantes mas.
Generalmente se trata de sujetos muy ritualizados, ritualización que  les permite evitar encuentros angustiantes. Esta ritualización funciona casi como un precario punto de almohadillado que permite armar un espacio y una temporalidad finitos, una topografía cotidiana que permite armar una necesaria costumbre que a veces posibilita dar consistencia a las cosas, evitando ser interrogado por la contingencia de un encuentro (que provocaría la aparición de un significante mortífero).
Ritualización que se sostiene en la Repetición  que el goce precisa y de la cual el sujeto se sirve para lograr una estabilización muchas veces precaria, pero efectiva, al ser un modo de introducirse en una alienación simbólica que se le hace necesaria para evitar la contingencia, y que le permite hacer un montaje pulsional sobre un objeto imaginario. En muchas oportunidades, es justamente la falla de este automatón la que el sujeto nos viene a avisar con angustia ya que sabe que puede ser el preludio de una desestabilización.
Por otro lado, a pesar de que hay que diferenciar en el diagnostico el evitamiento del negativismo y de posiciones melancólicas, sin embargo, a veces, varias, ocurre que se caracteriza a estos pacientes como abúlicos. Puede ser que lo sean. Pero hay que tener en cuenta, que este tratamiento por la evitacion es parte de lo que se llama el trabajo de la psicosis. Es decir, que es un trabajo. Digo esto porque a veces nos movemos en una delgada cornisa con respecto a la ética y la dirección de la cura. Porque por un lado, muchas veces se intenta lograr que el paciente se “adapte” a ciertas convenciones sociales y se corre el riesgo de desencadenar al sujeto por pretender que realice supuestos “logros” y entonces se lo saca del recorrido que se armó (ni que hablar si además se entromete una fantasía de felicidad burguesa del analista). Otras veces sucede lo opuesto y se realizan indicaciones que restringen al sujeto por creer que si toma ciertas decisiones se va a desestabilizar (esta vez suelen ser fantasías maternales las que sobrevuelan los consultorios). Por eso, ironías aparte, tal vez haya que evaluar las posibilidades de encuentro de ese sujeto e incluso tomar esto como elemento diagnostico y de dirección de la cura.

Para terminar, y en relación a esto, una última cuestión a la que quería referirme. Sabemos que es muy frecuente encontrar en el sujeto psicòtico la aparición de un delirio, pero que este exista no implica que se haya constituido una metáfora delirante que posibilite una estabilización tal como la planteaba Lacan. Una pregunta que quiero dejar planteada es entonces ¿por qué un sujeto no termina de constituir un delirio? Puede suceder que la constitución de una metáfora delirante se interrumpa porque ciertas prácticas de reorganización de los fenómenos son más efectivas? Dicho de otra manera… ¿Es que se abandona un tratamiento de la angustia por otro? ¿Es que uno es màs efectivo que otro? Tal vez si. Tal vez evitar, ritualizar, permita producir por medio del automatòn una reorganización mas efectiva del goce deslocalizado. Y si bien la medicación, como ya fue planteado, suele producir efectos importantes, leemos en antiguos historiales que, muchos años atrás, el aislamiento era utilizado porque era una forma de disminuir la producción delirante. Producción delirante que se pone en juego cada vez que se produce un encuentro con lo Real.
Creo entonces que así como en la neurosis diferenciamos distintas modalidades del deseo como defensa en relación al fantasma, tal vez en las psicosis debemos hacer hincapié en distinguir los diferentes tratamientos de lo Real y cómo en la estructura y la historia del sujeto aparecen los elementos que lo permiten.

Con esto finalizo este modesto acercamiento a la problemática de la Repetición en la psicosis, sin olvidar que, en definitiva, si no hay relación sexual, no veo porqué una llave debería entrar perfectamente en una cerradura.

Lionel F. Klimkiewicz

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BIBLIOGRAFIA

-*La forclusión del nombre del padre* J.C. Maleval- Ed. Piados-2002
-*El inconciente a cielo abierto en la psicosis* C. Soler-JVE ediciones-2004
-*El goce* N. Braunstein- Ed. Siglo XXI-2006
-*Seminario 3* J. Lacan- Ed. Paidós-1986
-*Esquema del psicoanálisis* S. Freud- Obras Completas-Ed . Biblioteca Nueva

sábado, 17 de noviembre de 2012

SCHNITZLER, EL DOBLE DE FREUD




                            

Sigmund Freud era un gran lector, especialmente de los clásicos de la literatura, a los que solía citar a menudo en sus escritos. Sin embargo sabía también reconocer y valorar a los artistas de su época, fundamentalmente a sus contemporáneos que vivían en la Viena de principios de siglo XX. Tal es el caso de Arthur Schnitzler, que había nacido allí en 1862, y era ya un famoso escritor antes que estallara la primera Guerra Mundial. A Freud le gustaba citarlo, y lo admiraba tanto que llegó a considerarlo su doble, ya que podía poner en su arte todo lo que el padre del psicoanálisis iba descubriendo con su práctica. Así lo dice el propio Freud en dos cartas dirigidas al literato: en 1906 le escribe “durante muchos años me he venido dando cuenta de la gran concordancia entre sus ideas y las mías en muchos problemas sobre la psicología y el erotismo (…) Muchas veces me preguntaba extrañado de dónde usted tomaría ese o aquel conocimiento, que gané por medio de investigación laboriosa del objeto, y al fin llegué al punto de envidiar al poeta, al que antes admiraba”. Más tarde, en otra misiva de 1922 agregaba: “La respuesta a esta pregunta implica una confesión, que me parece demasiado íntima. Me refiero a que lo evitaba por una especie de timidez de encontrarme con el doble […] una y otra vez, cuando me embebo en sus creaciones bellas, creía encontrar detrás de su apariencia poética las presuposiciones verdaderas, intereses y resultados, que conozco como propios. Su determinismo y escepticismo – que la gente llama pesimismo - su emoción de las verdades del inconsciente de la naturaleza compulsiva del humano, su descomposición de las seguridades culturales-convencionales, la adhesión de sus pensamientos a la polaridad de vivir y morir, todo eso me tocó con una familiaridad siniestra. […] Así tuve la impresión de que usted, por medio de la intuición – en realidad, como consecuencia de una auto-percepción precisa –, conoce todo lo que yo descubrí con trabajo arduo con otros humanos.”

Si usted, lector, quiere entender por qué Freud podía llegar a escribirle estas palabras a alguien a quien hasta entonces no conocía personalmente, no tiene más que leer algunas de las obras de Schnitzler. Por mi parte le recomiendo una: “Huida a las tinieblas”, un libro excelente, donde relata mediante una trama cuidadosa el desarrollo de un delirio de persecución, con todos sus pormenores, sus sufrimientos y su desenlace, donde el protagonista se ve impulsado hacia “el turbio terreno de las posibilidades vacilantes, donde lo altamente probable y  lo apenas concebible convivían en impura connivencia”. Al leer el libro de Schnitzler uno se deja llevar por la idea que él mismo introduce en sus primeras páginas, cuando dice que “hay muchos que, sencillamente, sólo carecen de tiempo para volverse locos”.


                                                           Por Lionel F. Klimkiewicz

viernes, 2 de noviembre de 2012

ADDH en las AULAS


Titulo:  El ADDH en las aulas

Contenido especifico: Déficit de Atención con hiperactividad
 Año: 2000

Introducción

El llamado Déficit de Atención (ADD) es un supuesto trastorno psiquiátrico que afectaría a la conducta. En algunos casos (muchos) a este tema de la atención se le suma el de la hiperactividad (ADDH).
Suele ser cada vez mas frecuente en las aulas que se presenten niños con estas características, lo que hace que  los docentes y la comunidad educativa en general se vuelquen  a intentar ahondar mas profundamente en el tema para poder conducirse de manera más rápida y eficaz al detectar estos casos.
La creciente importancia de este “trastorno” se ve reflejada incluso en el lugar que se le ha dado últimamente tanto en las disciplinas dedicadas al tema (Teorías del Aprendizaje, psicopedagogía, psicología, psiquiatría, psicoanálisis, etc.) como en los periódicos y revistas de divulgación de reconocida trascendencia.
Por otro lado, es preocupante la creciente cantidad de niños con ADDH que son medicados con el objeto de acallar (o aplacar) ciertos síntomas que, ya estandarizados o tipificados, parecerían formar parte de esta nueva “patología”.

Palabras Enlace:  ADDH – SÍNTOMAS – ATENCIÓN – ESTIMULOS - ACCIONES



ADDH


El ADDH  se define según el DSM IV por seis o más de los siguientes síntomas  de desatención que han persistido por lo menos durante seis meses con una intensidad  que es “desapropiada” e “incoherente” con el nivel de desarrollo:

a)     El niño fracasa en las tareas escolares por no prestar atención a los detalles (por ej: cuando el niño esta desatento al escuchar la consigna de trabajo, lo que le impide realizar correctamente la tarea).
b)     Cuando el niño parece no escuchar cuando otra persona esta hablando o, incluso, cuando le hablan directamente a él.
c)     No poder permanecer durante un tiempo atento en la misma tarea, o se disgusta cuando se debe dedicar a ella con un esfuerza mental sostenido.
d)     Extraviar las cosas (útiles escolares, materiales de trabajo, libros, etc.).
e)     Cuando el niño se distrae por estímulos irrelevantes a la tarea.
f)      El niño tiene las manos y los pies en constante movimiento (manipulando objetos o no).
g)     No puede permanecer sentado y abandona su asiento en la clase (aunque sea para pedir cosas, charlar con otros compañeros, etc.) interrumpiendo su trabajo.
h)     Hablar en forma excesiva y constante.
i)      Contestar antes de que el docente o un compañero termine de preguntarle.
j)      No esperar su turno para contestar u opinar.
k)     Correr, trepar, saltar, etc. En situaciones inapropiadas o momentos no indicados.
l)      Vincularse mal con otros chicos (molestarlos constantemente en su trabajo, interrumpirlos etc.).
m)   Presentar problemas de adaptación.


Algunos enfoques sobre el tema


El llamado DDA aparecería, según la psiquiatría, por una incorrecta segregación de Dopamina en la parte Pre-frontal del cerebro.
La Dopamina pertenece al conjunto de las Catecolaminas, es decir que es un neurotransmisor (proteína que realiza la transducción en la sinapsis).
En el adulto la disminución de la Dopamina puede traer Parkinson, Depresión y alucinaciones. Por el contrario, la estimulación, puede traer agitación y también facilitar el aprendizaje.
La Ritalina, medicamento que se suele prescribir en los casos de ADDH, pertenece al grupo de los psicoanalepticos, estimulantes de la vigilancia (de cuya familia también son las anfetaminas), y se encarga de liberar neurotransmisores masivamente.
Pero esta medicación presenta una paradoja: mientras que en el adulto produce excitación, en los niños produce efecto sedativo, tranquilizante.
Es decir que por medio de la medicación se intenta lograr una adaptación del niño a ciertas demandas del sistema educativo.
Pero lo que aparece en definitiva, es el intento de solucionar este trastorno por medio de la medicación, lo que paradójicamente nos haría desviar la atención sobre las verdaderas causas de este problema.
  

Una nueva mirada posible

Sin duda, el listado de síntomas que caracterizan al ADDH, en realidad le resulta conocido a cualquier docente que haya estado mas de 10 minutos en un aula con un grupo de alumnos.
Entonces, o el 90% de los chicos tienen el trastorno de atención o se esta enfocando mal la mirada sobre el tema.
Habría también que preguntarse por qué siempre se relaciona el déficit atencional con la hiperactividad.
Cualquier docente puede notar, desde lo fenomenológico, que existen dos tipos de problemas distintos en relación a la atención: una es la que esta dentro de esta descripción de síntomas y la otra es la de los chicos con problemas de atención pero que no son hiperactivos, sino todo lo contrario, están callados, distraídos, pensando en otra cosa, etc.
Pero tanto en un caso como en otro, tienen problemas de atención. Por qué entonces nos ocupamos de los hiperactivos?
Pero vayamos despacio...
Partamos de la base de que el supuesto déficit de atención no es un déficit ni una falta: es un exceso de atención. Es no poder dejar de atender a los estímulos del mundo exterior. Como diría Freud “no funcionan las pantallas que filtran el estimulo exógeno”(1)
Paradójicamente entonces, el tema atencional parece que nos hace desviar la atención sobre las verdaderas causas de estos síntomas. No olvidemos que (para el psicoanálisis) el síntoma es una irrupción de la verdad en la vida de un sujeto, que tienen un sentido y que son un bálsamo frente a la angustia. Y los que trabajamos en un ámbito educativo debemos estar atentos a esto.
Si prestamos atención a la obra de Freud notaremos que este es un tema que, aunque algunos se sorprendan, él trabajó a lo largo de su obra. En “Proyecto de una psicología para neurólogos” dice: “El efecto de la atención psíquica es el de catectizar las mismas neuronas que son las portadoras de la catexia perceptiva. Este estado de atención tiene un prototipo en la experiencia de satisfacción que es tan importante para todo el curso del desarrollo, y en las repeticiones de dicha experiencia: los estados de anhelos desarrolladas hasta convertirse en estados de deseo y estado de expectación. La atención consistirá entonces en establecer la situación psíquica del estado de expectación también en aquellas percepciones que no coinciden ni siquiera en parte, con las catexias desiderativas”.(2)
En “los dos principios del funcionamiento psíquico”, texto de 1910, dice: “La mayor importancia adquirida por la realidad externa elevó también la de los órganos sensoriales vueltos hacia el mundo exterior y el de la conciencia, que hubo de comenzar a aprehender las cualidades sensoriales, y no tan solo las de placer-displacer, únicas interesantes hasta entonces. Se constituyo una función especial, la atención, cuyo cometido consistía en tantear periódicamente el mundo exterior, para que los datos del mismo fueran previamente conocidos en el momento de surgir una necesidad interna inaplazable.”(3)
A su vez J.Lacan, en el Seminario VII dice al respecto:”El mundo de la percepción nos es dado por Freud como dependiente de esa alucinación fundamental sin la cual no habría ninguna atención posible...La función del principio del placer reside en hacer que el hombre busque siempre lo que debe volver a encontrar, pero que no podría alcanzar, allí yace lo esencial”(4)
Tenemos entonces como base de la constitución del aparato psíquico la experiencia mítica de satisfacción y el objeto perdido, Das Ding. Y si Freud nos señala que la realidad es realidad psíquica, una de las consecuencias de esto es que el mundo de los objetos a conocer esta en relación a ese objeto primordial.
¿Cómo funcionaria entonces el mecanismo de Atención? En pocas palabras, sería lo que nos posibilita aprehender objetos que no coinciden con esas catexias desiderativas.
Trabajo complicado: prestar atención a objetos que no están en los caminos del deseo.

Esto nos hace pensar que cuanto mas lejos de las coordenadas del deseo estén tanto el docente como los contenidos que enseña, mas lejos estará entonces de captar la atención de los alumnos.



ACCIONES POSIBLES

En la escuela, el docente (encarnando el sistema) tiene en mente cierta concepción de lo que es deseable para un niño, lo que es bueno y lo que es malo, lo que lo pone en portador de un discurso moral que en no pocas oportunidades lo hace perder el rumbo. La cuestión para ese docente consiste en como hacer para que el niño efectue las acciones correspondientes que lo conducen a esos fines, es decir, cómo hacer para llamar a la atención de ese alumno.
Es evidente también que en los últimos años los libros de pedagogía proponen diversas actividades para captar la atención del alumno.
Es notable también la mayor preponderancia que se les da a las imágenes, fotos, dibujos, en comparación al lugar que tienen las palabras en los textos escolares. Por supuesto que esto no es casual cuando en lo social nos encontramos con este fenómeno constantemente.
En estos tiempos la imagen propone una temporalidad sin pausa, a veces hasta vertiginosa. Los niños aparecen por momentos expuestos a un exceso de estímulos que no pueden procesar simbólicamente.
El problema que se le aparece entonces al docente es lograr que el niño haga determinadas cosas, tareas, etc., que en realidad no tiene ganas de hacer o le aburren.
Nadie puede negar que los docentes nos servimos de muchos modos de presión para lograrlo (castigos, evaluaciones, discursos morrales etc.).
Es sin duda ante esto en donde aparecen las mayores demandas que el docente le dirige a sus alumnos: se demanda atención. Y esto esta en relación a la adaptación. Supuestamente los niños con problemas de atención sonios con problemas de adaptación. Pero, como diría J.Lacan. ¿Qué es adaptarse sino adaptarse a la demanda del Otro?
Sería mas interesante y eficaz entonces que el docente, en lugar de transitar el circuito interminable de la demanda, introduzca en su trabajo cotidiano otra temporalidad, que es la de la palabra; es decir, hacer un corte en lo excesivo, en lo veloz, en esa gran cantidad de estímulos, en esa compulsiva búsqueda de nuevos objetos ( en síntesis, un corte ante estas formas de goce que se proponen desde lo social), que permita instalar un respeto a los tiempos de comprender de cada niño.¿Cómo lograrlo? Intentando, cada docente con su propio estilo, darle mas lugar a la palabra dentro del aula, tanto cuando se dan consignas de trabajo como cuando se habla con los alumnos por cualquier motivo inherente a la tarea escolar diaria. Sin duda esto no se logra de un DIA para el otro,  pero no olvidemos que buscar soluciones ultra-rápidas nos pondría en el mismo lugar que el de los niños de los que hablamos.

MATERIALES COMPLEMENTARIOS

Catexia

La catexia hace que cierta energía psíquica se halle unida a una representación o grupo de representaciones, una parte del cuerpo, un objeto, etc.(5)

Experiencia de satisfacción


Tipo de experiencia originaria postulada por Freud, consistente en el apaciguamiento, en el lactante, gracias a una intervención exterior, de una tensión interna creada por la necesidad. La imagen del objeto que satisface adquiere entonces un valor electivo en la constitución del deseo del sujeto. Podria ser recatectizada en ausencia del objeto real (satisfacción alucinatoria del deseo). Guiara constantemente la búsqueda ulterior del objeto que satisface.
La experiencia de satisfacción va ligada al desamparo: el niño necesita la ayuda de una persona exterior para suprimir las tensiones endógenas.
La satisfacción queda unida a la imagen del objeto que procuro la satisfacción. Cuando aparece de nuevo la tensión, la imagen del objeto es recatectizada; esto produce una alucinación similar a la percepción.
El deseo tiene su origen en una búsqueda de satisfacción real, pero se forma según el modelo de esa alucinación primitiva.(6)

DAS DING
La Cosa. El Ding es el objeto que es aislado en el origen por el sujeto, en la experiencia de satisfacción y desamparo.
Según Lacan, “el Ding como primer objeto extranjero, es aquello en torno a lo cual se organiza todo el andar del sujeto en relación al mundo de sus deseos(...) ese objeto, das Ding, en tanto Otro absoluto del sujeto, es lo que se trata de volver a encontrar. Pero se vuelven a encontrar las coordenadas de placer, no el objeto”(7)

PLACER-DISPLACER
Principios que, según Freud, rigen el funcionamiento psíquico: el conjunto de la actividad psíquica tiene por finalidad evitar el displacer y procurar el placer. El placer va ligado al aumento de las cantidades de excitación, y el placer a la disminución de las mismas.(8)

Citas Bibliografiítas
(1)  Freud, Sigmund, “Proyecto de una psicología para neurólogos”, traducción de Lopez-Ballesteros, Madrid, Ed. Biblioteca Nueva, 1981, Pág. 220
(2)  Freud, Sigmund,” Proyecto de una psicología para neurólogos”, traducción de Lopez-Ballesteros, Madrid, Ed. Biblioteca nueva, 1981, Pág. 257.
(3)  Freud, Sigmund “Los dos principios del funcionamiento mental”, traducción de Lopez-Ballesteros, Madrid, Ed. Biblioteca Nueva, 1981, Pág. 1639.
(4)  (7) Lacan, Jaques, Seminario VII: La ética del psicoanálisis, traducción de D.Rabinovich, Bs.As., Ed. Paidos, 1995, Pág. 68 y ss.
(5)  (6) (8) Laplanche,J., Diccionario de psicoanálisis, traducción de Cervantes Gimeno, Barcelona, Ed. Labor, 1981.