sábado, 17 de noviembre de 2012

SCHNITZLER, EL DOBLE DE FREUD




                            

Sigmund Freud era un gran lector, especialmente de los clásicos de la literatura, a los que solía citar a menudo en sus escritos. Sin embargo sabía también reconocer y valorar a los artistas de su época, fundamentalmente a sus contemporáneos que vivían en la Viena de principios de siglo XX. Tal es el caso de Arthur Schnitzler, que había nacido allí en 1862, y era ya un famoso escritor antes que estallara la primera Guerra Mundial. A Freud le gustaba citarlo, y lo admiraba tanto que llegó a considerarlo su doble, ya que podía poner en su arte todo lo que el padre del psicoanálisis iba descubriendo con su práctica. Así lo dice el propio Freud en dos cartas dirigidas al literato: en 1906 le escribe “durante muchos años me he venido dando cuenta de la gran concordancia entre sus ideas y las mías en muchos problemas sobre la psicología y el erotismo (…) Muchas veces me preguntaba extrañado de dónde usted tomaría ese o aquel conocimiento, que gané por medio de investigación laboriosa del objeto, y al fin llegué al punto de envidiar al poeta, al que antes admiraba”. Más tarde, en otra misiva de 1922 agregaba: “La respuesta a esta pregunta implica una confesión, que me parece demasiado íntima. Me refiero a que lo evitaba por una especie de timidez de encontrarme con el doble […] una y otra vez, cuando me embebo en sus creaciones bellas, creía encontrar detrás de su apariencia poética las presuposiciones verdaderas, intereses y resultados, que conozco como propios. Su determinismo y escepticismo – que la gente llama pesimismo - su emoción de las verdades del inconsciente de la naturaleza compulsiva del humano, su descomposición de las seguridades culturales-convencionales, la adhesión de sus pensamientos a la polaridad de vivir y morir, todo eso me tocó con una familiaridad siniestra. […] Así tuve la impresión de que usted, por medio de la intuición – en realidad, como consecuencia de una auto-percepción precisa –, conoce todo lo que yo descubrí con trabajo arduo con otros humanos.”

Si usted, lector, quiere entender por qué Freud podía llegar a escribirle estas palabras a alguien a quien hasta entonces no conocía personalmente, no tiene más que leer algunas de las obras de Schnitzler. Por mi parte le recomiendo una: “Huida a las tinieblas”, un libro excelente, donde relata mediante una trama cuidadosa el desarrollo de un delirio de persecución, con todos sus pormenores, sus sufrimientos y su desenlace, donde el protagonista se ve impulsado hacia “el turbio terreno de las posibilidades vacilantes, donde lo altamente probable y  lo apenas concebible convivían en impura connivencia”. Al leer el libro de Schnitzler uno se deja llevar por la idea que él mismo introduce en sus primeras páginas, cuando dice que “hay muchos que, sencillamente, sólo carecen de tiempo para volverse locos”.


                                                           Por Lionel F. Klimkiewicz

viernes, 2 de noviembre de 2012

ADDH en las AULAS


Titulo:  El ADDH en las aulas

Contenido especifico: Déficit de Atención con hiperactividad
 Año: 2000

Introducción

El llamado Déficit de Atención (ADD) es un supuesto trastorno psiquiátrico que afectaría a la conducta. En algunos casos (muchos) a este tema de la atención se le suma el de la hiperactividad (ADDH).
Suele ser cada vez mas frecuente en las aulas que se presenten niños con estas características, lo que hace que  los docentes y la comunidad educativa en general se vuelquen  a intentar ahondar mas profundamente en el tema para poder conducirse de manera más rápida y eficaz al detectar estos casos.
La creciente importancia de este “trastorno” se ve reflejada incluso en el lugar que se le ha dado últimamente tanto en las disciplinas dedicadas al tema (Teorías del Aprendizaje, psicopedagogía, psicología, psiquiatría, psicoanálisis, etc.) como en los periódicos y revistas de divulgación de reconocida trascendencia.
Por otro lado, es preocupante la creciente cantidad de niños con ADDH que son medicados con el objeto de acallar (o aplacar) ciertos síntomas que, ya estandarizados o tipificados, parecerían formar parte de esta nueva “patología”.

Palabras Enlace:  ADDH – SÍNTOMAS – ATENCIÓN – ESTIMULOS - ACCIONES



ADDH


El ADDH  se define según el DSM IV por seis o más de los siguientes síntomas  de desatención que han persistido por lo menos durante seis meses con una intensidad  que es “desapropiada” e “incoherente” con el nivel de desarrollo:

a)     El niño fracasa en las tareas escolares por no prestar atención a los detalles (por ej: cuando el niño esta desatento al escuchar la consigna de trabajo, lo que le impide realizar correctamente la tarea).
b)     Cuando el niño parece no escuchar cuando otra persona esta hablando o, incluso, cuando le hablan directamente a él.
c)     No poder permanecer durante un tiempo atento en la misma tarea, o se disgusta cuando se debe dedicar a ella con un esfuerza mental sostenido.
d)     Extraviar las cosas (útiles escolares, materiales de trabajo, libros, etc.).
e)     Cuando el niño se distrae por estímulos irrelevantes a la tarea.
f)      El niño tiene las manos y los pies en constante movimiento (manipulando objetos o no).
g)     No puede permanecer sentado y abandona su asiento en la clase (aunque sea para pedir cosas, charlar con otros compañeros, etc.) interrumpiendo su trabajo.
h)     Hablar en forma excesiva y constante.
i)      Contestar antes de que el docente o un compañero termine de preguntarle.
j)      No esperar su turno para contestar u opinar.
k)     Correr, trepar, saltar, etc. En situaciones inapropiadas o momentos no indicados.
l)      Vincularse mal con otros chicos (molestarlos constantemente en su trabajo, interrumpirlos etc.).
m)   Presentar problemas de adaptación.


Algunos enfoques sobre el tema


El llamado DDA aparecería, según la psiquiatría, por una incorrecta segregación de Dopamina en la parte Pre-frontal del cerebro.
La Dopamina pertenece al conjunto de las Catecolaminas, es decir que es un neurotransmisor (proteína que realiza la transducción en la sinapsis).
En el adulto la disminución de la Dopamina puede traer Parkinson, Depresión y alucinaciones. Por el contrario, la estimulación, puede traer agitación y también facilitar el aprendizaje.
La Ritalina, medicamento que se suele prescribir en los casos de ADDH, pertenece al grupo de los psicoanalepticos, estimulantes de la vigilancia (de cuya familia también son las anfetaminas), y se encarga de liberar neurotransmisores masivamente.
Pero esta medicación presenta una paradoja: mientras que en el adulto produce excitación, en los niños produce efecto sedativo, tranquilizante.
Es decir que por medio de la medicación se intenta lograr una adaptación del niño a ciertas demandas del sistema educativo.
Pero lo que aparece en definitiva, es el intento de solucionar este trastorno por medio de la medicación, lo que paradójicamente nos haría desviar la atención sobre las verdaderas causas de este problema.
  

Una nueva mirada posible

Sin duda, el listado de síntomas que caracterizan al ADDH, en realidad le resulta conocido a cualquier docente que haya estado mas de 10 minutos en un aula con un grupo de alumnos.
Entonces, o el 90% de los chicos tienen el trastorno de atención o se esta enfocando mal la mirada sobre el tema.
Habría también que preguntarse por qué siempre se relaciona el déficit atencional con la hiperactividad.
Cualquier docente puede notar, desde lo fenomenológico, que existen dos tipos de problemas distintos en relación a la atención: una es la que esta dentro de esta descripción de síntomas y la otra es la de los chicos con problemas de atención pero que no son hiperactivos, sino todo lo contrario, están callados, distraídos, pensando en otra cosa, etc.
Pero tanto en un caso como en otro, tienen problemas de atención. Por qué entonces nos ocupamos de los hiperactivos?
Pero vayamos despacio...
Partamos de la base de que el supuesto déficit de atención no es un déficit ni una falta: es un exceso de atención. Es no poder dejar de atender a los estímulos del mundo exterior. Como diría Freud “no funcionan las pantallas que filtran el estimulo exógeno”(1)
Paradójicamente entonces, el tema atencional parece que nos hace desviar la atención sobre las verdaderas causas de estos síntomas. No olvidemos que (para el psicoanálisis) el síntoma es una irrupción de la verdad en la vida de un sujeto, que tienen un sentido y que son un bálsamo frente a la angustia. Y los que trabajamos en un ámbito educativo debemos estar atentos a esto.
Si prestamos atención a la obra de Freud notaremos que este es un tema que, aunque algunos se sorprendan, él trabajó a lo largo de su obra. En “Proyecto de una psicología para neurólogos” dice: “El efecto de la atención psíquica es el de catectizar las mismas neuronas que son las portadoras de la catexia perceptiva. Este estado de atención tiene un prototipo en la experiencia de satisfacción que es tan importante para todo el curso del desarrollo, y en las repeticiones de dicha experiencia: los estados de anhelos desarrolladas hasta convertirse en estados de deseo y estado de expectación. La atención consistirá entonces en establecer la situación psíquica del estado de expectación también en aquellas percepciones que no coinciden ni siquiera en parte, con las catexias desiderativas”.(2)
En “los dos principios del funcionamiento psíquico”, texto de 1910, dice: “La mayor importancia adquirida por la realidad externa elevó también la de los órganos sensoriales vueltos hacia el mundo exterior y el de la conciencia, que hubo de comenzar a aprehender las cualidades sensoriales, y no tan solo las de placer-displacer, únicas interesantes hasta entonces. Se constituyo una función especial, la atención, cuyo cometido consistía en tantear periódicamente el mundo exterior, para que los datos del mismo fueran previamente conocidos en el momento de surgir una necesidad interna inaplazable.”(3)
A su vez J.Lacan, en el Seminario VII dice al respecto:”El mundo de la percepción nos es dado por Freud como dependiente de esa alucinación fundamental sin la cual no habría ninguna atención posible...La función del principio del placer reside en hacer que el hombre busque siempre lo que debe volver a encontrar, pero que no podría alcanzar, allí yace lo esencial”(4)
Tenemos entonces como base de la constitución del aparato psíquico la experiencia mítica de satisfacción y el objeto perdido, Das Ding. Y si Freud nos señala que la realidad es realidad psíquica, una de las consecuencias de esto es que el mundo de los objetos a conocer esta en relación a ese objeto primordial.
¿Cómo funcionaria entonces el mecanismo de Atención? En pocas palabras, sería lo que nos posibilita aprehender objetos que no coinciden con esas catexias desiderativas.
Trabajo complicado: prestar atención a objetos que no están en los caminos del deseo.

Esto nos hace pensar que cuanto mas lejos de las coordenadas del deseo estén tanto el docente como los contenidos que enseña, mas lejos estará entonces de captar la atención de los alumnos.



ACCIONES POSIBLES

En la escuela, el docente (encarnando el sistema) tiene en mente cierta concepción de lo que es deseable para un niño, lo que es bueno y lo que es malo, lo que lo pone en portador de un discurso moral que en no pocas oportunidades lo hace perder el rumbo. La cuestión para ese docente consiste en como hacer para que el niño efectue las acciones correspondientes que lo conducen a esos fines, es decir, cómo hacer para llamar a la atención de ese alumno.
Es evidente también que en los últimos años los libros de pedagogía proponen diversas actividades para captar la atención del alumno.
Es notable también la mayor preponderancia que se les da a las imágenes, fotos, dibujos, en comparación al lugar que tienen las palabras en los textos escolares. Por supuesto que esto no es casual cuando en lo social nos encontramos con este fenómeno constantemente.
En estos tiempos la imagen propone una temporalidad sin pausa, a veces hasta vertiginosa. Los niños aparecen por momentos expuestos a un exceso de estímulos que no pueden procesar simbólicamente.
El problema que se le aparece entonces al docente es lograr que el niño haga determinadas cosas, tareas, etc., que en realidad no tiene ganas de hacer o le aburren.
Nadie puede negar que los docentes nos servimos de muchos modos de presión para lograrlo (castigos, evaluaciones, discursos morrales etc.).
Es sin duda ante esto en donde aparecen las mayores demandas que el docente le dirige a sus alumnos: se demanda atención. Y esto esta en relación a la adaptación. Supuestamente los niños con problemas de atención sonios con problemas de adaptación. Pero, como diría J.Lacan. ¿Qué es adaptarse sino adaptarse a la demanda del Otro?
Sería mas interesante y eficaz entonces que el docente, en lugar de transitar el circuito interminable de la demanda, introduzca en su trabajo cotidiano otra temporalidad, que es la de la palabra; es decir, hacer un corte en lo excesivo, en lo veloz, en esa gran cantidad de estímulos, en esa compulsiva búsqueda de nuevos objetos ( en síntesis, un corte ante estas formas de goce que se proponen desde lo social), que permita instalar un respeto a los tiempos de comprender de cada niño.¿Cómo lograrlo? Intentando, cada docente con su propio estilo, darle mas lugar a la palabra dentro del aula, tanto cuando se dan consignas de trabajo como cuando se habla con los alumnos por cualquier motivo inherente a la tarea escolar diaria. Sin duda esto no se logra de un DIA para el otro,  pero no olvidemos que buscar soluciones ultra-rápidas nos pondría en el mismo lugar que el de los niños de los que hablamos.

MATERIALES COMPLEMENTARIOS

Catexia

La catexia hace que cierta energía psíquica se halle unida a una representación o grupo de representaciones, una parte del cuerpo, un objeto, etc.(5)

Experiencia de satisfacción


Tipo de experiencia originaria postulada por Freud, consistente en el apaciguamiento, en el lactante, gracias a una intervención exterior, de una tensión interna creada por la necesidad. La imagen del objeto que satisface adquiere entonces un valor electivo en la constitución del deseo del sujeto. Podria ser recatectizada en ausencia del objeto real (satisfacción alucinatoria del deseo). Guiara constantemente la búsqueda ulterior del objeto que satisface.
La experiencia de satisfacción va ligada al desamparo: el niño necesita la ayuda de una persona exterior para suprimir las tensiones endógenas.
La satisfacción queda unida a la imagen del objeto que procuro la satisfacción. Cuando aparece de nuevo la tensión, la imagen del objeto es recatectizada; esto produce una alucinación similar a la percepción.
El deseo tiene su origen en una búsqueda de satisfacción real, pero se forma según el modelo de esa alucinación primitiva.(6)

DAS DING
La Cosa. El Ding es el objeto que es aislado en el origen por el sujeto, en la experiencia de satisfacción y desamparo.
Según Lacan, “el Ding como primer objeto extranjero, es aquello en torno a lo cual se organiza todo el andar del sujeto en relación al mundo de sus deseos(...) ese objeto, das Ding, en tanto Otro absoluto del sujeto, es lo que se trata de volver a encontrar. Pero se vuelven a encontrar las coordenadas de placer, no el objeto”(7)

PLACER-DISPLACER
Principios que, según Freud, rigen el funcionamiento psíquico: el conjunto de la actividad psíquica tiene por finalidad evitar el displacer y procurar el placer. El placer va ligado al aumento de las cantidades de excitación, y el placer a la disminución de las mismas.(8)

Citas Bibliografiítas
(1)  Freud, Sigmund, “Proyecto de una psicología para neurólogos”, traducción de Lopez-Ballesteros, Madrid, Ed. Biblioteca Nueva, 1981, Pág. 220
(2)  Freud, Sigmund,” Proyecto de una psicología para neurólogos”, traducción de Lopez-Ballesteros, Madrid, Ed. Biblioteca nueva, 1981, Pág. 257.
(3)  Freud, Sigmund “Los dos principios del funcionamiento mental”, traducción de Lopez-Ballesteros, Madrid, Ed. Biblioteca Nueva, 1981, Pág. 1639.
(4)  (7) Lacan, Jaques, Seminario VII: La ética del psicoanálisis, traducción de D.Rabinovich, Bs.As., Ed. Paidos, 1995, Pág. 68 y ss.
(5)  (6) (8) Laplanche,J., Diccionario de psicoanálisis, traducción de Cervantes Gimeno, Barcelona, Ed. Labor, 1981.






sábado, 20 de octubre de 2012

LA PARTE OSCURA DEL SUEÑO

                                                               






En su seminario 14, titulado La lógica del fantasma, lacan retoma de manera novedosa la relación entre el ser y el pensar mediante una nueva formulación del vel alienante antes trabajado en el seminario 11. El resultado es un planteo riguroso de la lógica implicada en la inadecuación entre el ser y el pensamiento: inadecuación que relanzará la repetición de ese desencuentro. El cógito cartesiano una vez más es retomado por Lacan, y esta vez para, a partir de la ley de la dualidad de de Morgan, introducir una negación que produce una disyunción entre “o yo no pienso o yo no soy”. Del lado del “yo no pienso” se  ubica el Ello, un ser sin Yo, la Bedeutung como referente (objeto a), la falta y la determinación, entre otros conceptos. Del lado del “Yo no soy”, un pensar sin Yo, la pérdida, la bedeutung como significación (menos phi), la sobredeterminación, etc.
Ahora bien, la negación en juego implica que el “no” de la operación se aplica (rabinovich) sobre el Je y recae sobre el sujeto de la enunciación, y no sobre el sujeto del enunciado. Ese sujeto como Je es el conjunto vacío implícito en ambos conjuntos (el del ser y el del pensamiento).
Así es como en la articulación del “no soy” aparece lo esencial del Inconsciente y sus efectos, por ejemplo en la sorpresa que caracteriza toda formación del inconsciente. Lacan habla de un pensamiento que no es Je, como uno de los modos de nombrar al inconsciente.
Qué noticias tenemos de ese Je como conjunto vacío en la clínica? El sueño, vía regia de acceso al inconciente, nos da, según Lacan, una clave. Suele ocurrir que en el relato que realiza el soñante algo se manifiesta como siendo una interrupción, una laguna, una ruptura en el relato, y que Freud indica como debiendo ser restablecido como formando parte del sueño. Al comentar Lacan en la clase 7 un sueño trabajado por Freud en la Traumdeutung indica que “ es en tanto que el análisis por su trabajo viene a invertir esa relación que hacia de todo lo que era del orden del estatuto del sujeto de su No Soy un campo vacío, un sujeto no identificable, va a aparecer el fracaso de la articulación de la Bedeutung sexual”, mostrando la radical inadecuación del pensamiento a la realidad del sexo. Retoma así Lacan lo trabajado en el seminario 6, clase 8, cuando dijo “Lo que enunciamos al producir el enunciado del sueño, es algo que está dado, en la misma forma bajo la cual nosotros la producimos a partir del momento en que contamos nuestro sueño a algún otro, ese punto de interrogación que no es cualquiera, que supone que algo está bajo ese sueño, de lo cual ese sueño es significante. Quiero decir, podemos escribir esto en nuestra formalización, que se trata de una enunciación, de un enunciado, que tiene él mismo un índice de enunciación, E(e) “. Asimismo, el afecto en juego en un sueño, por ser su característica, marcará un rasgo de la posición del sujeto con relación a su ser.
Pero sabemos que, durmiendo o no, el sujeto siempre puede alegar: “esto no es más que un sueño”. Si es mientras duerme, viene a su ayuda el preconciente, que representa el deseo de dormir, y si es en la realidad, será alguna fantasía lista para ser utilizada de somnífero. Decir “esto no es más que un sueño” es el punto traicionero del teatro del sueño y del mundo de ficción, del cual el sujeto sería el único soporte y modo de existencia. Es la consistencia otorgada a ese sujeto en tanto que ve, es decir, en tanto que no tiene más que la geometría de la visión, que permite el ocultamiento del objeto mirada en tanto punto ciego de la visión que desagrega el campo del narcisismo. Chuang Tzu puede decir que no sabe si es un hombre que sueña ser una mariposa o una mariposa que sueña ser un hombre, pero el punto es que en el Otro del significante nada puede decirle al sujeto “tú eres esto”, ya que habrá un resto que no puede ser dicho: el objeto  a. Esa es, como dice Freud con intuición sorprendente en el capítulo 6 de la Traumdeutung, “la parte oscura” del sueño, donde debe apoyarse la interpretación. Aquella donde el Ello afirma la falta de sujeto y donde se juega la imposibilidad en el inconsciente de articular: entonces Soy.


                                                 Lionel F. Klimkiewicz


sábado, 6 de octubre de 2012

RESPLANDOR: LACAN, BORGES Y LA LITERATURA

                                                            

En su trabajo de investigación sobre la escritura, Lacan no duda en proceder realizando una demostración literaria. Relata así su viaje a Japón y hace referencia al arte de la caligrafía japonesa y los efectos de tachadura. Arte este, según opina, que los occidentales no tienen esperanza de producir.
          Podríamos decir, que para Lacan, según escribe en "Lituraterra", Occidente está demasiado encandilado por el “resplandor” del significante, lo que hace que su literatura se emita desde el semblante. En ese texto sin embargo, ubica también una literatura de vanguardia, que está hecha de litoral, y entonces no se sustenta en la apariencia.
          ¿Qué es la vanguardia? La palabra Vanguardia implica fundamentalmente una temporalidad, ya que podemos decir que un movimiento de vanguardia es todo aquel que se adelanta a las tendencias de su tiempo (más allá de que se llame así al vanguardismo del siglo XIX y XX)¿Y que sería adelantarse? Si se responde no desde una crítica de la historia del arte sino desde los efectos del acto mismo, podemos decir que solo se adelanta aquel que en su camino tiene otros que sigan su huella.
       Sabemos también que la temporalidad es discursiva, producto de la articulación significante, significante que es una marca, una escritura, una huella. Pero que en tanto significante no se lo puede leer solo. Como dice Lacan en el Seminario 9, la marca, la borradura de la marca, y la marca sobre le huella borrada implica el nacimiento del significante, en una temporalidad donde el tercer tiempo implica el retorno del primero.
           En este pequeño escrito, que no es de vanguardia, la propuesta es seguir las huellas de J.L. Borges para intentar un acercamiento al concepto de letra, sgte, escrito, el tiempo, la literatura y la lituraterra.


*                    *                    *

          En el año 1953, mientra J. Lacan en Paris daba inicio a su enseñanza, Jorge Luis Borges publica en Buenos Aires un libro ya clásico: “Historia de la eternidad”. Este texto está dividido en cuatro partes, en las cuales en sus primeras tres desarrolla un acercamiento al concepto de “eternidad” desde la Historia, la filosofía, la religión, etc., y para eso nos habla de Plotino, Platón, Unamuno, Schopenhauer, Malón de Chaide, Stevenson, San Agustín, Donne, Escoto Erígena, Lucrecio, etc,etc,etc… realizando un recorrido tan ameno como erudito e inteligente.
          En cambio, en el último apartado, casi como una ruptura, un quiebre en la linealidad hasta ahí desarrollada, nos propone su propia teoría de la eternidad, que por ser la que aquí nos interesa, transcribimos casi totalmente:

“Sólo me resta señalar al lector mi teoría personal de la eternidad. Es una eternidad ya sin Dios, y aun sin otro poseedor y sin arquetipos. La formulé en el libro El idioma de los argentinos, en 1928. Transcribo lo que entonces publiqué, la página se titulaba ·sentirse en muerte·:

            Deseo registrar aquí una experiencia que tuve hace algunas noches:  fruslería demasiado evanescente y extática para que la llame aventura, demasiado irrazonable y sentimental para que la llame pensamiento. Se trata de una escena y una palabra: palabra ya antedicha por mí, pero no vivida hasta entonces con entera dedicación de mi Yo. Paso  a historiarla, con los accidentes de tiempo y de lugar que la declararon.
            La rememoro así. La tarde que precedió a esa noche, estuve en Barracas: localidad no visitada por mi costumbre, y cuya distancia de las que después recorrí, ya dio un extraño sabor a ese día. Su noche no tenía destino alguno, como era serena, salí a caminar y recordar, después de comer. No quise determinarle rumbo a esa caminata; procuré una máxima latitud de probabilidades para no cansar la expectativa con la obligatoria antevisión de una solo de ellas. Realicé en la medida de lo posible, eso que llaman caminar al azar; acepté, sin otro consciente prejuicio que el de soslayar las avenidas y las calles anchas, las más oscuras invitaciones de la casualidad. Con todo, una suerte de gravitación familiar me alejó hacia unos barrios, de cuyo nombre  quiero siempre acordarme y que dictan reverencia a mi pecho. No quiero significar así el barrio mío, el preciso ámbito de la infancia, sino sus todavía misteriosas inmediaciones: confín que he poseído entero en palabras y poco en realidad, vecino y mitológico a un tiempo. El revés de lo conocido, su espalda, son para mi esas calles penúltimas, casi tan efectivamente ignoradas como el soterrado cimiento de nuestra casa o nuestro invisible esqueleto. La marcha me dejó en una esquina. Aspiré noche, en asueto serenísimo de pensar. La visión, nada complicada por cierto, parecía simplificada por mi cansancio.
La irrealizaba su misma tipicidad. La calle era de casas bajas, y aunque su primera significación fuera de pobreza, la segunda era ciertamente de dicha. Era de lo más pobre y de lo más lindo. Ninguna casa se animaba a la calle; la higuera oscurecía sobre la ochava; los portoncitos -más altos que las líneas estiradas de las paredes- parecían obrados en la misma sustancia infinita de la noche. La vereda era escarpada sobre la calle; la calle era de barro elemental, barro de América no conquistado aún. Al fondo, el callejón, ya campeano, se desmoronaba hacia el Maldonado.. Sobre la tierra turbia y caótica, una tapia rosada parecía no hospedar luz de luna, sino efundir luz íntima. No habría manera de nombrar la ternura mejor que ese rosado.
            Me quedé mirando esa sencillez. Pensé, con seguridad en voz alta: esto es lo mismo de hace treinta años… Conjeturé esa fecha: época reciente en otros países, pero ya remota en este cambiadizo lado del mundo. Tal vez cantaba un pájaro y sentí por él un cariño chico, de tamaño de pájaro; pero lo más seguro es que en ese ya vertiginoso silencio no hubo más ruido que el también intemporal de los grillos. El fácil pensamiento –estoy en mil ochocientos y tantos- dejó de ser unas cuantas aproximativas palabras y se profundizó en realidad. Me sentí muerto, me sentí percibidor abstracto del mundo: indefinido temor imbuido de ciencia que es la mejor claridad de la metafísica. No creí, no, haber remontado las presuntivas aguas del Tiempo; más bien me sospeché poseedor del sentido reticente o ausente de la inconcebible palabra ETERNIDAD. Sólo después alcancé a definir esa imaginación.
            La escribo, ahora así: esa pura representación de hechos homogéneos –noche de serenidad, parecita límpida, olor provinciano de la madreselva, barro fundamental- no es meramente idéntica a la que hubo en esa esquina hace tanto años; es, sin parecidos ni repeticiones, la misma. El tiempo, si podemos intuir esa identidad, es una delusión: la indiferencia e inseparabilidad de un momento de su aparente ayer y otro de su aparente hoy, bastan para desintegrarlo.(…)
            (…) Quede, pues, en anécdota emocional la vislumbrada idea y en la confesa irresolución de esta hoja el momento verdadero de éxtasis y la insinuación posible de eternidad de que esa noche no me fue avara.”

          Difícil escribir algo luego de un texto donde cada palabra esta elegida con perfección…
          Podemos ver cómo, para decir qué es la eternidad para él, Borges elige relatar una experiencia propia, donde se ponen en juego “una escena y una palabra”. Esto implica que en un primer acercamiento al texto nos encontremos con que esa escena requiere una descripción. Y Borges nos entrega una descripción brillante. Tan brillante que nos encandila. Descripción de lugares, de recuerdos, de sensaciones, de percepciones, utilizando nombres simples y adjetivos inesperados, haciendo que cada cosa cobre una singularidad especial y nos suma en una intimidad tal que produce el efecto de querer representárnosla para poder compartir algo de ese momento, y poder seguir sus huellas en cada paso de su azarosa caminata.
          Caminata azarosa pero enmarcada en cada paso en un espacio y un tiempo determinados, hasta que un encuentro se produce, un encuentro con la mismidad, con lo que queda por fuera de todo recorrido posible. Un encuentro con lo Real que la palabra “eternidad” viene a nombrar.
          Borges nos lo presenta de manera paradojal: lo eterno en un instante, un instante fuera del tiempo que roza la muerte y lo imposible de pensar, que es lo mismo. Hiancia, instante de lo disperso, que el tiempo como delusión vuelve a suturar haciéndolo historia.
          Pero este acontecimiento que marca la historia de Borges como sujeto, se hace Obra., se hace Arte. Y es aquí donde reside la genialidad del texto: para explicar la eternidad, el tiempo, recurre a repetir un escrito donde rememora una experiencia; juego literario donde la temporalidad discursiva muestra su cara ficcional; literatura de un instante vacío de tiempo, y de una palabra inconcebible por ser uno de los nombres de lo imposible.
Tres tiempos se figuran así: instante que se rememora en 1928 y se repite en el ensayo de 1953.
          Tres tiempos: la marca, el encuentro, que produce “el sentirse en muerte”, luego la reiteración de la marca, es decir, la intromisión de la diferencia y la pérdida, es decir, la borradura, “el idioma de los argentinos”. Y luego, por último, la repetición de la pérdida, marca sobre la huella borrada, ahí donde de la eternidad se puede hacer historia.
          Así lo escribe,¿Acaso había una manera mejor?
          Éxtasis sin pasión, muerte sin horror, el instante donde se desliga de sí mismo deviene obra sin Dios, cicatriz permanente del encuentro contingente.
          Ahí donde otros leen el signo de una alteridad o un destino florece un texto sin religión.
Ahí donde nació una palabra, acontece un estilo.
          Porque, como dice R. Barthes en “el grado cero de la escritura” el estilo es un lenguaje autárquico que se hunde en la mitología personal y secreta del autor, en esa hipofísica de la palabra donde se forma la primera pareja de las palabras y las cosas, “es la voz decorativa de una carne desconocida y secreta que se elabora en el límite de la carne y el mundo” es “ la trasmutación de un humor”.

          En síntesis, esta experiencia que nos relata Borges; es la experiencia de un sujeto a la que advino un real, que marca un antes y un después, un corte en el tiempo, en donde lo que estaba enlazado se desanuda para luego volver a anudarse, y con un estilo tan único como eterno, hacer de lo más singular y por medio de un escrito, un modo de vínculo con un otro que, en tanto lector, no borre de la Obra lo que en ella hay de apertura a lo Real.



                                                      Lionel F. Klimkiewicz
                                                           Verano del 2010

sábado, 29 de septiembre de 2012

SUJETO-INCONSCIENTE-SIGNIFICANTE


                                                          


“ Ser Psicoanalista es, sencillamente, abrir los ojos ante la evidencia de que nada es más disparatado que la realidad humana. Si creen tener un Yo bien adaptado, razonable, que sabe navegar, reconocer lo que debe y lo que no debe hacer, tener en cuenta las realidades, sólo queda apartarlos de aquí. El psicoanálisis muestra que no hay nada más necio que un destino humano, o sea, que siempre somos embaucados. Aún cuando tenemos éxito en algo que hacemos, precisamente no es eso lo que queríamos. No hay nada más desencantado que quien alcanza su sueño dorado, basta hablar tres minutos con él...El análisis es darse cuentas de esto, y tenerlo en cuenta.
Si por una suerte extraña atravesamos la vida encontrándonos con gente desdichada, no es accidental no es porque pudiese ser de otro modo. Uno piensa que la gente feliz debe estar en algún lado. Pues bien, si no se quitan eso de la cabeza, es que no han entendido nada del psicoanálisis. Esto es lo que yo llamo tomar las cosas en serio.”


Este comentario que realiza Lacan en el Seminario III es un buen puntapié inicial para comenzar a pensar qué es un psicoanálisis, qué es un sujeto y cómo se pone en juego esto en las entrevistas preliminares, que es el tema al que nos dedicamos.

Podemos partir pensando qué viene a buscar el analizante al análisis.

Dice Lacan que él viene a buscar lo que hay que encontrar, el tropos por excelencia, es decir, su destino. Pero...¿es el análisis una introducción del sujeto a su destino? No. Si algo nos enseña el descubrimiento freudiano, dice Lacan, es a ver en los síntomas una figura que tiene relación con las figuras del destino: no lo sabíamos y ahora lo sabemos. Eso constituye una  diferencia. Saber o no saber es pues esencial en lo que se refiere a la figura del destino.

¿Qué busca en cambio la clínica psicoanalítica? La división del sujeto.

¿Cómo se manifiesta esta división? Freud diría, como un conflicto, es decir, un síntoma, un acto fallido, etc.

Ahora bien, la pregunta que se impone es ¿De qué sujeto estamos hablando? Esta pregunta es esencial porque de cómo sea respondida depende nada más ni nada menos que la clínica. ¿Este sujeto, es el mismo para el psicoanálisis, que para la psicología, la filosofía, etc? Creo que para avanzar en una formación, es preciso realizar esta distinción para no desmoronarse en la práctica y perderse en otros discursos que nada tienen que ver con el psicoanálisis ( aunque le roben ciertas conceptualizaciones).
¿Qué es entonces ese sujeto del que hablamos? Pregunta esencial, ya que de cómo sea respondida dependerá el tipo de clínica que haremos.

Vamos a partir de la concepción de que el sujeto no es la persona, sino que es efecto del significante. No es la persona ni el paciente que nos viene a demandar un análisis. El sujeto es  el efecto específico que toma la palabra bajo transferencia, es del efecto del significante que surge como tal el sujeto.

Lacan va a dar una definición que no va a cambiar en toda su obra “un sujeto es lo que un significante representa para otro significante”

                                             $
                                  S1 ----------S2

La primera consecuencia que podemos extraer de esto es que el sujeto no tiene un sgte. que lo represente, su ser se pierde irremediablemente.

Ahora bien, si decimos que este sujeto no es la persona, no es el Yo, no es la conciencia, tampoco es el inconsciente. es imprescindible diferenciar los conceptos de sujeto – sgte – inconsciente, para luego poder articularlos.
Lacan da dos definiciones de inconsciente:
a)    El inconsciente está estructurado como un lenguaje.
b)     El inconsciente es el discurso del Otro.


Es decir que el inconsciente es la determinación del sujeto por el orden simbólico.. Es un inconsciente que no es interior, no está en las profundidades, sino que lo encontramos en la superficie del discurso. Dice Lacan en“Posición del inconsciente” que el inc. es un lugar a cuya entrada nunca se llega sino en el momento en que están cerrando, y que el único medio para que se abra es llamar desde el interior.. Es un espacio que se reduce a una combinatoria
(S1-S2), es propiamente lo que se llama un borde.

          Podemos introducir un cuadro que nos ayude a pensar esta articulación  sujeto-sgte-inc.:


I I I I I I I I I I I I I I I I I    sgdo.                                             dicho  enunciado

I   I   I    I    I   I   I   I         sgte.     S1-S2    discurso   NP  Ф decir enunciación

  I      I      I     I     I            letra      a = a?   lenguaje



Los palotes del medio son los sgtes del orden simbólico, es la matriz que se apoya sobre lo Real (lo no simbolizado).

Hay dos vertientes del sgte.: a) Los que se apoyan (letras) Son sgtes insignias
                                              b) Los que se combinan en la cadena.


Las marcas, las huellas como diría Freud, fundan al inconsciente. En esas marcas no hay equívoco, porque lo Real no equivoca.

Las cadenas sgtes y los sentidos y significaciones que estas producen no tienen equivalencia con las marcas, hay descompensación, pérdida entre una un “nivel” y otro.

Estas marcas a las que nos referimos, están vacías, y se sustraen a la represión. No están reprimidas, están vacías, lo que se reprime son sgtes. La pulsión aparece en estas marcas, por eso es silenciosa.

Este concepto de vacío se ve ejemplificado en las palabras de E. Cioran que se titula “Rostros de la decadencia”:

“Si, por azar o por milagro las palabras se volatilizasen nos sumergiríamos en una angustia y un alelamiento intolerables. Tal súbito mutismo nos expondría al más cruel suplicio. Es el uso del concepto el que nos hace dueños de nuestros temores. Decimos: la Muerte, y esta abstracción nos dispensa de experimentar su infinitud y su horror. Bautizando las cosas y los sucesos eludimos lo inexplicable: la actividad del espíritu es un saludable trampear, un ejercicio de escamoteo; nos permite circular por una realidad dulcificada, confortable e inexacta. (...) Pero cuando uno vuelve a si mismo y se está solo – sin la compañía de las palabras – se redescubre el universo incalificado, el objeto puro, el acontecimiento desnudo: ¿de dónde sacaremos la audacia para afrontarlos? Ya no se especula sobre la muerte, se es la muerte. (...) Las grandes palabras: destino, infortunio, desgracia, se despojan de su brillo; y es entonces cuando se percibe a la criatura bregando con órganos desfallecientes, vencido por una materia postrada y atónita. Retirad al hombre la mentira de la Desdicha, dadle el poder de mirar por debajo de ese vocablo: no podrá un solo instante soportar su desdicha.”

Una vez planteado que sujeto – inconsciente – significante son conceptos diferentes pero que se articulan entre sí, podemos comenzara pensar como se produce el encuentro del sujeto con el lenguaje.

El encuentro del sujeto (de la necesidad) con la estructura del lenguaje, se produce por medio del Otro.

Cuando el niño grita, hay un puro significante lanzado al campo del A, pero si el A no le da un significado, esto le vuelve al niño como significante puro. En cambio, cuando vuelve con la sanción del A, se resignifica como demanda (por eso la respuesta es lógicamente anterior a la pregunta)


Es así como un mensaje es entonces devuelto en forma invertida.

Hay un encuentro del sujeto, con el A (que Lacan en sus primeros años de enseñanza llama código o tesoro de los significantes), con el campo de los significantes del A. El inconsciente se funda en esa alineación al significante en el campo del A (S1 – S2).


Pero el Otro, es un Otro atravesado por el lenguaje, A. En este encuentro con los significantes de la batería del Otro lo que no es del Otro, es el sujeto. El sujeto es producido por el lenguaje, no por Otro; el Otro, en todo caso, subjetiviza. No es lo mismo, entonces el “sujeto” que la “subjetividad”. El sujeto no es producido por el A porque en la batería no hay ningún significante que presente al sujeto. El sujeto es el –1, el significante que le falta al A.

Este sujeto entonces no es que está por fuera de la cadena significante, sino que está adentro sin ser ningún significante. Por eso es un sujeto evanescente que aparece en los cortes del discurso. Es un sujeto que pertenece a la cadena, en tanto excluido de la cadena.
(esto nos da la base para pensar en la psicopatología la exclusión en la histeria y el aislamiento en la neurosis obsesiva)

Este sujeto, en tanto sustraído, está muerto, por eso la necesariedad de la identificación, que de todos modos nunca alcanza para tapar esa división constitutiva.

                                                            
     
En esta estructura del lenguaje hay dos significantes a los que Lacan llama privilegiados: el Nombre del Padre y el Falo. Son privilegiados porque:
-      son dos operadores
-      operan en los tres registros
-      tienen relación con los tres tiempos del Edipo
-      operan porque no hay referentes, la Cosa está perdida

¿Cómo operan estos significantes en la estructura? Comencemos por el Nombre del Padre. Al ejercer el padre simbólico su función simbólica produce en la subjetividad del niño el reemplazo de la ley caprichosa materna por la ley como instancia exterior a todo personaje; es el significante que en la batería del A aparece como lugar de la ley.

Cuando el deseo de la madre es sustituido por el Nombre del Padre, en la subjetividad del niño aparece la significación fálica, ya que la metáfora paterna es la que produce el punto de almohadillado fundamental.

Al no ser el niño el falo (de la madre) deja de estar identificado con el yo ideal y se identificará con el ideal del yo, I(A)

El falo es el significante destinado a designar en su conjunto los efectos del significado, en cuanto el significante los condiciona por su presencia de significante. Es el elegido de la batería para cumplir con ese destino. Este significante tiene función activa en la determinación de los efectos en que lo significable aparece como sufriendo su marca. El falo funciona velado y funda los tres diques freudianos: vergüenza, repugnancia y asco

Estos dos operadores delimitan un campo, el campo del A, cuya superficie es el discurso.


Cuando Lacan se pregunta para qué sirve un Psicoanalista responde: para hacer un psicoanálisis. El Psicoanalista no busca la cura (ya que esta viene por añadidura) sino que dirige la cura, (y no al paciente), y la dirección de esa  cura es hacia lo Real. Es responsabilidad del analista dirigir esa cura, y de nadie más. Por eso, resulta imprescindible entender que estatuto tiene el sujeto para el psicoanálisis, ya que será la única posibilidad de alcanzar la meta esencial, que es que ese sujeto obtenga cierto margen de libertad en relación con el lugar que ocupó como objeto del deseo como deseo del Otro.


                   

                                                               por  Lionel F. Klimkiewicz





domingo, 23 de septiembre de 2012

TRANSMISIÓN Y REALIDAD





 Uno de los primeros acercamientos que tuve a la enseñanza de Lacan, incluso antes de comenzar a formarme como analista, fue a partir de la lectura del Seminario 3 titulado “Las Psicosis”.

          En ese Seminario hay una frase de Lacan que dice lo siguiente: “Ser psicoanalista es, sencillamente, abrir los ojos ante la evidencia de que nada es más disparatado que la realidad humana”.[1]

          Esta frase de Lacan me impactó. Por un lado me pareció una frase fuerte, contundente, y paradójicamente por otro lado me parecía que lo que decía esa frase abarcaba más de lo que yo estaba entendiendo, que algo se me escapaba.

          Me surgieron por supuesto varias preguntas ¿Por qué Lacan se interesaba en decir eso en sus primeros años de enseñaza? ¿Acaso ser psicoanalista es sencillamente eso? ¿Qué es entonces la realidad?

          Fue así que pasé de los Seminarios a los Escritos, es decir que pasé de leer lo que se escribió de lo que dijo, a leer lo que él escribió. En el texto “De una cuestión preliminar...” para mi sorpresa me encontré con algo que llamó Esquema Rho, en el cual ubica a la realidad, es decir, me encontré con letras (que no tienen realidad) y con un conjunto de frases referidas a ellas bastante oscuras.

          Me pregunté por qué Lacan transmitía esto de esta manera, y entendí que algo me faltaba para comprender. Tal vez porque él hablaba de algo de lo que ya habían hablado. Volví a los textos de Freud y cierto recorrido me hizo llegar a uno de sus primeros textos en donde explica, en uno de sus puntos, qué es la realidad. Ese texto es el “Proyecto de una psicología para neurólogos”. Nueva paradoja, este primer texto en el que Freud explica qué es la realidad, es un texto que no quiso publicar. Estaba entonces leyendo un texto que alguien escribió para que nadie lea. Letras que Freud quiso excluir de la realidad del psicoanálisis.

          Ahora me pregunto ¿Sería disparatado pensar que existe una relación entre el concepto de realidad y el de transmisión?

          Veamos cómo se construye, según Freud en este texto, la realidad.

          Partiendo de la experiencia de satisfacción, Freud dice que si coincide la investidura deseo de la imagen recuerdo con la percepción de ella, la descarga es exitosa puesto que el sistema percepción brinda un signo de realidad objetiva. Tendríamos una identidad de percepción.

          En cambio, si no coincide la investidura deseo de la imagen recuerdo con la percepción, el complejo perceptivo se descompone en una parte constante, idéntica a sí misma, y otra variable. Es el lenguaje quien calificará a la parte constante como “cosa del mundo” y la variable como su atributo o predicado.

          Hay una desemejanza, una discordancia entre la investidura de una huella y la investidura percepción y esto proporciona el envión para el trabajo del pensar.

          Dice Freud “La lucha entre las facilitaciones fijas y las catexias fluctuantes caracteriza el proceso secundario del pensamiento reproductivo en contraste con la serie primaria de asociaciones”[2]. La discordancia produce el despertar de un estado de interés (ya que el objeto está perdido y se busca reencontrarlo) que promueve un proceso cogitativo que intenta establecer un estado de identidad.

          Continúa diciendo Freud: “Si luego de concluido el acto de pensar, el signo de realidad se suma a la percepción, se habrá obtenido un juicio de realidad, la creencia, alcanzándose así las metas de todo el trabajo”[3].

          En el seminario 7 dice Lacan que “El principio de placer recae sobre la percepción pero lo que constituye el proceso primario son los pensamientos. Por su parte el principio de realidad es gobernado por la identidad de pensamiento pero los pensamientos están del lado del principio del placer, son inconscientes”[4].*

          Esto quiere decir que los procesos de pensamiento funcionan a nivel del Principio del Placer, esto es, entre cuero y carne, es decir, entre percepción y conciencia. Procesos de pensamientos que reglan por el Principio del Placer las cargas de las representaciones y la estructura en la que se organiza el inconsciente.

          Agrega Lacan, en su lectura del “Proyecto...” que las vorstellungen gravitan, se intercambian, se modulan según las leyes más fundamentales del funcionamiento de la cadena significante. Significante que se rige por una lógica estricta: es indivisible, funciona por oposición (es lo que los otros no son) y que por si mismo no dice nada    

          Si la negatividad del lenguaje anula al objeto, si el lenguaje mata a la cosa, esto quiere decir que no hay referente. Das Ding está perdido. Es por eso que el significante se une con el significado sólo mediante un casamiento bastardo.
         
Por un lado tenemos entonces que el inconsciente, tal como lo descubre Lacan en la experiencia analítica, está estructurado como un lenguaje.
         
Por otro lado, que el sujeto, efecto de esa estructura, queda dividido por la acción del significante, sujetado entonces a otra escena que desconoce: la realidad de su inconsciente.
         
La realidad entonces es realidad psíquica, ficción creada por las huellas, las marcas primeras.
         
Realidad que está marcada de entrada, dice Lacan, por el anonadamiento simbólico.

En resumen, esa desemejanza de la que hablamos, lleva en si misma el germen de la pérdida inaugural abriendo así el camino del deseo.

          Ahora bien, retomando nuestro tema, ¿Qué se transmite en psicoanálisis? ¿Cuándo hay transmisión?

          Creo que sólo podemos dar cuenta que hubo transmisión por sus efectos, y esto es apres-coup. ¿Qué quiere decir esto?

          La transmisión, como acción y como efecto, debe apuntar a eso que hace que la realidad humana sea disparatada, tal como la nombra Lacan, es decir, a eso que la sostiene, que la arma. Realidad armada por letras, que son el soporte material del significante, tal como nos muestra Lacan en su Esquema R.

          ¿Por qué debería apuntar a eso?

 Para producir la máxima desemejanza posible entre la huella y el signo de realidad, ya que esta es la única manera que el deseo se vehiculice, poniendo en descubierto la falta que lo inaugura. Ese es su efecto                
 
Podemos decir también que la transmisión, que tiene la misma raíz etimológica que entrometerse, como acción se entromete en esa relación entre la huella y el signo de realidad.
     
          Ahora bien, podemos realizar un contrapunto entre la transmisión y la educación, y decir que la transmisión es posible pero la educación es imposible, como decía Freud. Educar es demandarle al sujeto que debe adaptarse a la realidad que él A le ofrece, es decir petrificarlo, unificando el significado y el significante para que nada equivoque (y las cosas marchen como quiere el Amo). Ilusión de comunicación, malentendido irremediable.

Podemos pensar, siguiendo a Lacan en el Seminario 3, que una transmisión debe permitir al sujeto permanecer en una posición problemática que siempre deje la puerta abierta a una progresiva rectificación. Ya que, como dice Borges en “Las ruinas Circulares” , nada se puede esperar de aquellos que aceptan con pasividad la doctrina pero sí de aquellos que arriesgan a veces, una contradicción razonable.


Es claro asimismo, que no todo es transmisible, ya que las letras, los matemas, necesitan de las palabras para transmitirse y siempre faltará alguna. Es decir que un discurso por el que se lleve adelante una transmisión llevará consigo lo que no es posible de transmitir.

El sujeto que recibe lo transmitido luego de dar cuenta de los efectos de esa transmisión produce algo novedoso en su realidad.

¿Qué nos quiere transmitir entonces Lacan con esta frase del Seminario 3 a la que me referí en un principio?

Tal vez que solo  un sujeto podrá dar cuenta del disparate que es su propia realidad ( “no toda es vigilia la de los ojos abiertos”dice Macedonio), es decir, desadaptarse a la realidad en la que estuvo viviendo desde que está inmerso en un discurso, mediante un análisis, para producir nuevos lazos que partan de su propio deseo.

Es en el dispositivo analítico donde se crean las condiciones de la transmisión.

Pero esto lleva tiempo. “No hay que comprender demasiado rápido” decía Lacan. Dar cuenta de ese disparate de la realidad es comprenderlo, y eso lleva un tiempo, el tiempo de comprender, que es sujeto por sujeto. No hablo del historicismo, sino del tiempo como efecto de la estructura.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         
                                                            Lionel F. Klimkiewicz

                                                    
 Bibliografía


Freud, S., “Proyecto de una psicología para neurólogos” Obras completas, Tomo I, Buenos Aires, Biblioteca Nueva, 1981.
Lacan, J., El Seminario, Libro II,”El Yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica” , Buenos Aires, Paidos, 1983
Lacan, J., El Seminario, Libro III, “Las psicosis”, Buenos Aires, Paidos, 1984.
Lacan, J., El Seminario, Libro VII, “La ética del psicoanálisis”, Buenos Aires, Paidos, 1988.
Lacan, J., El Seminario, Libro IX, “La identificación”, inédito.
Lacan, J., “Una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de las psicosis” en Escritos II, Buenos Aires, Siglo XXI, 1987.
Rabinovich, Diana., “Sexualidad y significante”, Buenos Aires, Manantial,1986.
Piciana, H., “El saber referencial: un obstáculo a la formación del analista”, Buenos Aires, Conversación Analítica, 2003.
Piciana, H., “El dispositivo analítico”, Conferencia dictada en el servicio de Asistencia Primaria 2 del Hospital Interdisciplinario Psicoasistencial J. T. Borda, octubre de 2004.
Borges, J. L.,  “Las ruinas circulares”, El Aleph., Obras Completas, Buenos Aires, Emecé Editores, 1996.
     Corominas, J., “Breve diccionario etimológico de la lengua castellana”, Madrid, Gredos, 1996. 


[1] Lacan,J., El Seminario, Libro III, Las psicosis, Buenos Aires, Piados, 1984.  
[2] Freud, S.,”Proyecto de una psicología para neurólogos” Obras Completas, Tomo I, Biblioteca Nueva, 1981.
[3] Freud, S., ibid.
[4] Lacan, J., El Seminario, Libro VII, La ética del psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 1988.
* Esto es retomado por Lacan en su seminario IX cuando dice “El mundo, pues, ese mundo cuya función de realidad está ligada a la función perceptiva, es, no obstante, aquella en torno de lo cual no progresamos en nuestro saber sino por la vía de la identidad de pensamiento. Esto no es para nosotros una paradoja, lo que sí es paradójico es leer en el texto de Freud que lo que busca el inconsciente, lo que quiere, lo que constituye la raíz de su funcionamiento, de su puesta en juego, es la identidad de percepción, es decir que esto no tendría literalmente ningún sentido si aquello de lo que se trata no fuera más que esto: que la relación del inconsciente con lo que busca en su modo propio de retorno es justamente eso que una vez percibido es lo idénticamente idéntico, si se puede decir, lo percibido de esa vez, esa sortija que paso al dedo con la marca de esa vez, y es esto justamente lo que faltará siempre: es que en toda especie de otra reaparición de lo que responde al significante original, en el punto donde está la marca que el sujeto ha recibido de lo que sea que esté en el origen de la Urverdrangt, faltará siempre a lo fuera que venga a representarla, esa marca que es la marca única del surgimiento original de un significante original que se presentó una vez en el momento en que el punto, el algo de la Urverdrangt en cuestión, pasó a la existencia inconsciente, a la insistencia en este orden interno que es el inconsciente, entre, por una parte lo que recibe del mundo exterior donde tiene cosas para ligar, por el hecho de que al ligarlas  bajo una forma significante, no puede recibirlas sino en su diferencia, y es por esto que no puede de ninguna satisfacerse por esta búsqueda de la identidad de percepción si es esto mismo lo que lo especifica como inconsciente”.