martes, 5 de enero de 2016

JAZZ: EL OMBLIGO DE UN SUEÑO

                                                  
El Ombligo de un Sueño  es el trabajo conjunto del contrabajista GABRIEL DOMENICUCCI y el piansita ERNESTO AMSTEIN (aquí en Rhodes y Wurlitzer). De los siete episodios que lo conforman, cinco son fruto de la pluma de Domenicucci mientras que los dos restantes revelan, por su disímil origen, el amplio campo de exploración que fue la semilla de este disco. El Disco se sustenta en las sólidas composiciones del contrabajista y en el impulso rítmico del diálogo improvisatorio. Fue grabado en el Estudio "Mínimo", en Buenos Aires, en Noviembre de 2014 y mezclado en el Estudio "Chufitlandia" por Alejandro Spinelli.
El "Ombligo de un sueño" , que fue seleccionado como disco del mes durante Junio de 2015 por el prestigioso Club del disco, según sus autores e intérpretes se basa en melodías atravesadas por la magia de los sueños, buscando un desarrollo onírico de la idea musical que recorre la obra, casi al modo del “dogma” cinematográfico. Para disfrutar con la vista y los oídos…




viernes, 4 de septiembre de 2015

NUEVA TRADUCCIÓN: "MÁS ALLÁ DEL PRINCIPIO DE PLACER"


La editorial Mármol Izquierdo nos presenta el tercer libro de la serie Territorios referidos al trabajo de traducción de los manuscritos de Freud. Luego de “El Yo y el Ello” y “Das Unheimliche”, es el turno ahora de “Màs allà del principio de placer”, tal vez el texto más importante dentro de la historia del psicoanálisis. El trabajo de revisión, presentación, articulación, comparación de textos y comentarios de Juan Carlos Cosentino nos brinda una edición de casi 900 páginas en donde nos encontramos en forma directa con la letra de Freud, su modo de trabajo, la construcción de su teoría, pero también sus vacilaciones, sus especulaciones y fundamentalmente su estilo. El mismo Cosentino nos cuenta en la presentación: “Abordamos nuevamente la construcción que realiza Freud de Jenseists des Lustprinzips. En esta oportunidad partimos de los manuscritos conservados, es decir, de las dos versiones alternativas y los comparamos con los textos finalmente publicados.
La difícil travesía por el texto manuscrito consistió, primero, en examinar el texto en alemán de la segunda versión escrita a máquina cotejándolo con el escrito publicado y, posteriormente, en establecer el texto en alemán de la versión manuscrita con tipografía “gótica” comparándolo con la versión a máquina.
Acto seguido, siguiendo la nueva traducción que habíamos realizado en 2003 del texto publicado de Jenseits, Susana Goldmann preparó la traducción al castellano de ambas manuscritos. Por mi parte, intervine en su revisión, articulaciones, comentarios, en la comparación entre las tres versiones con sus reediciones y en las notas introductorias.
Al recorrer sus múltiples versiones -los dos documentos del manuscrito, un texto publicado y tres reeditados- se descubren las dificultades que enfrenta para sostener un punto de inflexión en su teoría que suele situarse en torno a un texto y a una fecha: “Más allá del principio de placer, el giro de 1920”. Lo que me permitió revisar los ejes de cada capítulo en el Anexo de esta publicación.
La primera versión escrita a mano consta de 34 páginas y sólo tiene seis capítulos señalados con números romanos. Aún no existe el nuevo capítulo VI de la versión impresa que añadirá con el documento mecanografiado. Razón por la cual, sin el eje del ensayo, el manuscrito escrito a mano no puede considerarse un “borrador”. Es, más bien, una versión alternativa que luego le resultó insuficiente.
La segunda está encuadernada en rústica, tiene tapas duras y lleva el apellido del autor y el título inscripto en el lomo en letras doradas. Se trata del manuscrito que le regalara a Max Eitingon quien lo había hecho encuadernar. Se compone, en su mayor parte, de hojas escritas a máquina que presentan múltiples correcciones. La principal diferencia consiste en la composición de un nuevo capítulo de 27 páginas escritas a mano (el capítulo VI de la versión impresa) que es constitutivo para la estructura del ensayo y acarrea importantes modificaciones en el antiguo capítulo VI, transformado en VII.
De la primera versión el último dato que se tiene es de fines de septiembre de 1919. Luego, durante un tiempo, no se habla más de la suerte del manuscrito. Recién el 25 de mayo de 1920 -a principios de ese año habían fallecido su hija Sophie inesperadamente y su amigo Anton von Freund- Freud mencionó que estaba trabajando de nuevo en la obra. Parece tratarse de la segunda versión. Y el 18 de julio anunció que el Más allá estaba terminado.
Las dos versiones preparatorias deben ser leídas como documentación de un proceso de reflexión en curso cuyas modificaciones prosiguen durante la corrección de las pruebas de galera y no se detienen, ni siquiera, con la primera publicación en 1920: continúan en las reediciones de 1921, 1923 y 1925.”

Una edición fundamental e insoslayable para quien pretenda estudiar con seriedad la obra de Freud y sus formulaciones en estado naciente, en donde nos encontramos con la marca de pensamientos urgidos por lo real del psicoanálisis. La edición crítica bilingüe que nos presenta Juan Carlos Cosentino es una joya que nos transmite que la  obra de Freud está más viva que nunca.


                                                                                                                   Lionel F. Klimkiewicz

viernes, 27 de febrero de 2015

BAJEZAS CON ALTURA


(Quevedo Vs. Góngora)

Para confrontar, desvalorizar, ridiculizar o ganar un minuto de fama, tanto políticos, como actores, y mediáticos en general, pueblan los medios de comunicación brindándonos uno de los espectáculos más lamentables que la condición humana nos pueda ofrecer. Si por lo menos lo hicieran con gracia, o con altura, podríamos divertirnos o entretenernos, pero lamentablemente eligen un estilo burdo, grosero y desmedidamente agresivo que nos transmite la idea de que todo vale si el fin es permanecer en boca de la gente, casi con afán de ser deglutidos por la morbosidad latente en el televidente medio.
Por suerte, la historia de la literatura nos otorga momento ejemplares en donde estos menesteres de burlarse del otro eran abordados con altura y exquisitez.
En este diálogo poético entre Quevedo y Góngora, el lector atento encontrará, no sin esfuerzo, las burlas más  infames: Quevedo diciendo de Góngora que es un judío renegado, bufarrón, amante del culo y Góngora tratando a Quevedo de rengo, ciego y bruto. Derroche de estilo y juego de palabras que nos muestran que entre la bajeza y la altura existe una distancia muy difícil de medir…

Quevedo:
“Quevedo contra Góngora”
Yo te untaré mis obra con tocino,
Porque no me las muerdas Gongorilla,
Perro de los ingenios de Castilla,
Docto en pullas, cual mozo de camino

Apenas hombre, sacerdote indino,
Que aprendiste sin christus la cartilla
Chocarrero de Córdoba y Sevilla
Y en la corte, bufón a lo divino.

¿Por qué censuras tú la lengua griega
Siendo sólo rabí de la judía,
Cosa que tu naríz aún no lo niega?

No escribas versos más, por visa mía;
Aunque aquesto de escribas se te pega,
Por tener de sayón la rebeldía.



Góngora:

“A don francisco de Quevedo”
Anacreonte español, no hay quien os tope
Que no diga con mucha cortesía,
Que ya que vuestros pies son de elegía,
Que vuestras suavidades son de arrope.

¿No imitaréis al terenciano Lope,
Que al de Belerofonte cada d+ia
Sobre suecos de cómica poesía
Se calza espuelas, y le da un galope?

Con cuidado especial vuestros antojos
Dicen que quieren traducir al griego,
No habiéndolo mirado vuestros ojos.

Prestádselos un rato a mi ojo ciego,
Porque a luz saque ciertos versos flojos,
Y entenderéis cualquier greguesco luego.



Quevedo:

“Contra Luis de Góngora y su poesía”
Este cíclope, no siciliano,
del microcosmo sí, orbe postrero;
esta antípoda faz, cuyo hemisfero
zona divide en término italiano;

este círculo vivo en todo plano;
este que, siendo solamente cero,
le multiplica y parte por entero
todo buen abaquista veneciano;

el minóculo sí, más ciego vulto;
el resquicio barbado de melenas;
esta cima del vicio y del insulto;

este, en quien hoy los pedos son sirenas,
éste es el culo, en Góngora y en culto,
que un bujarrón le conociera apenas.



Lionel Klimkiewicz


domingo, 7 de diciembre de 2014

UN PÉSIMO LIBRO

SOBRE “TODO LO QUE NECESITAS SABER SOBRE PSICOANÁLISIS”

A esta altura del nuevo siglo, ya podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que Buenos Aires es la capital mundial del psicoanálisis. Su cantidad de practicantes, instituciones, congresos y publicaciones a lo largo de los años dan cuenta de ello. No extraña entonces que en nuestro país continúen apareciendo libros de divulgación de esta praxis que ya tiene más de cien años y que Freud ha introducido de lleno en la cultura occidental. Sin embargo, la divulgación del psicoanálisis, ha sido y sigue siendo un tema controversial. Basta recordar la anécdota que motiva el escrito “Psicoanálisis silvestre” que Freud publicara en 1910: una paciente llega a la consulta derivada por un médico que luego de diagnosticar sus ataques de angustia --que habían comenzado tras la separación con su marido- le dijo que la causa era de origen sexual, y que le recomendaba, basándose en el psicoanálisis, que se buscara un amante, se masturbara o se reconciliara con su esposo. No está de más recordar también, para tomar al otro gran referente de esta práctica, que Lacan no se cansaba de repetir durante sus seminarios que sus discípulos no se apresuraran en “comprender demasiado rápido” todo lo que él les transmitía. Es que entender algo de la práctica psicoanalítica no depende ni de la inteligencia ni de la erudición, sino de dedicar tiempo, mucho tiempo, al estudio y al análisis personal fundamentalmente.
Qué hacer con la divulgación del psicoanálisis  entonces? Esa divulgación que por obvios motivos fue tan estratégicamente necesaria para Freud en las primeras décadas del siglo XX, pero que siempre está al borde del reduccionismo sin sentido y también de la vulgaridad.
Hace pocos meses, sin ir más lejos, ha salido publicado por Paidós en la colección “Todo saber” un nuevo libro titulado “Todo lo que necesitás saber sobre psicoanálisis”, -título temerario si los hay- que nos devuelve al controversial tema. Y la primera controversia surge con su nombre. Cualquier analista de marketing puede alegar que para el lector no iniciado en el psicoanálisis este suena muy tentador, a pesar de que con sólo mirar el ejemplar de reojo, cualquier psicoanalista, fundamentalmente el seguidor de Lacan, no podría dejar de sentir un escalofrío en su espalda, al leer ese “Todo”, que Lacan siempre nombro como imposible (algunos afirman que la metonimia “todo-necesitás-saber-psicoanálisis” causó incluso algunas exageradas risas socarronas que fueron difíciles de disimular, cuando no indignación o incluso asombro). Como para confirmar lo por lo menos polémico del título, apenas iniciado el libro, en el prólogo, la autora se apresura en avisar casi como pidiendo disculpas o anticipándose a lógicos cuestionamientos, que en psicoanálisis no podemos hablar de un Todo. El arranque se torna entonces un tanto  resbaladizo, pero se hace pantanoso cuando renglón siguiente afirma, casi desafiante, que la divulgación del psicoanálisis siempre quedó en manos de quienes simplifican los conceptos y que su empeño (el de escribir el libro, se entiende) entonces obedece al estado actual de divulgación de la teoría. Para agregar más confusión al asunto, el prólogo (y en las tierras de Borges..!) finaliza con la aclaración de que los únicos nombrados serán Freud, Lacan, Miller y Laurent, y que su anhelo es trascender la “capilla analítica”. Llenas de seculares anhelos y sin monaguillos argentinos citados, las únicas referencias en las terrenales páginas serán, entonces, los cuatro europeos del apocalipsis.
Adentrándonos ya en el libro, la sorpresa es mayor. Con una diagramación que intenta ser moderna e imitar tal vez un modo “actual” de leer en dispositivos electrónicos, cada capítulo comienza con una especie de copete de presentación que recuerda más a los manuales escolares de los años ´90 (aquellos que con pretensiones de modernidad querían imitar el formato digital que recién comenzaba a popularizarse en aquella época), con recuadros con información sobre el tema a tratar y con pequeños apartados que comienzan siempre con un “Sabías qué…?” que nos trae a la memoria aquellas inolvidables páginas de la revista Billiken o Anteojito en donde al lado de la nota de los dinosaurios nos iluminaban con frases como “¿Sabías que… los dinosaurios tenían cuatro patas y se extinguieron hace millones de años?”. Luego nos ocuparemos del problema de a quién está dirigido el libro, cuestión que suele justificar las cosas más absurdas. El punto es que si el tema era no simplificar los conceptos, el modo de presentar los temas es el menos conveniente, sin dudas. La prueba está en que cada capítulo termina con un recuadro titulado “En pocas palabras” que intenta resumir lo dicho. Y entonces nos encontramos con frases dignas de revistas domingueras: “Las pulsiones son aquello que experimentamos como impulsos que no siempre buscan el bien” o aquella otra, propia de un aforismo de Narosky, que dice “La felicidad es episódica, parcial y transitoria… como la vida misma”. En el otro extremo encontramos aquella que cierra el capítulo “No hay relación sexual”, que concluye con “En pocas palabras: el amor recubre la ausencia de relación sexual y los síntomas están en el lugar en que esta no se inscribe”. Podemos imaginar la confusión del lector lego ante semejantes palabras… y es que este es unos de los defectos mayores del libro: un estilo irregular en donde se pasa de lo burdo a la frase enigmática sin miramientos. Y esto nos mete de lleno en la cuestión antes anunciada. Porque si nos preguntamos a quién está dirigido el libro, se nos presenta la duda sobre si busca un lector adolescente, o un ya iniciado en lecturas del ámbito psi o algún filósofo de café de esos que abundan en nuestra ciudad. Pero creo que la pregunta más interesante sería la del “para qué?”, para qué escribir un libro así? Tal vez el propio libro tenga la respuesta, cuando ya terminando, en el capítulo 48 titulado “La violencia en el siglo” nos dice: “la tiranía del mercado introduce la siguiente disyunción: estar allí o no existir”. Disyunción falsa, claro está, pero que el libro lleva adelante al intentar una divulgación -que termina siendo muy vulgar- con el solo fin de estar, existir, y aparecer en las primeras planas de las estanterías de las librerías junto a libros de cocina, novelas rosa y libros de autoayuda. Está claro que el psicoanálisis no necesita adentrarse en esa lógica capitalista para existir -aunque hay que reconocer que un minuto de fama puede hacer multiplicar los llamados en cualquier consultorio.
Una oportunidad desperdiciada, un intento más que fallido de hacer algo serio, cuyo resultado final nos hace imaginar algún capítulo de Los Simpson en donde aparezca aquel famoso personaje diciendo “Hola! Soy Troy McClure, tal vez me recuerden por mis documentales educativos como Pájaros, nuestros colegas con plumas o Paren al mundo que Freud se quiere bajar, hoy vengo a decirles todo lo que usted necesita saber sobre psicoanálisis…”
            Tal vez un día se pueda escribir un libro de divulgación mejor, sin que esté atado a las leyes del mercado. En todo caso, antes de pensar de qué modo simple y atrayente verter conceptos de extrema complejidad haya otras cuestiones que resolver. Se podría pensar y discutir, quizá, los diferentes efectos que tuvieron los estilos de Freud y de Lacan, y por qué no los de Klein y Winnicott, cómo usaron las palabras, cómo construyeron neologismos (tal vez la cuestión más importante), e incluso, que hayan escrito en alemán, francés o inglés, lo que a nosotros nos introduce en la interesante cuestión de cómo fueron traducidos al castellano.  Quién sabe?? (si, nadie tiene todo el saber) tal vez algún día alguna gran institución psicoanalítica organice un congreso para discutir el tema y destine lo recaudado a la publicación de un ejemplar de divulgación digno del psicoanálisis.

                                                                                    Lionel F. Klimkiewicz